sábado, 30 de diciembre de 2006

LAST DAYS

Last Days (2005)
Dir.: Gus Van Sant
USA


Inspirada en los últimos días de la vida de Kurt Cobain, "Last Days" es una película visual y conceptualmente espectacular. La relación con la realidad, lo que el espectador conoce de ella, provoca la sensación de estar asistiendo a una leyenda mitológica moderna, una tragedia épica que, además, sólo se intuye. No hay ninguna escena en la que ocurra algo grandioso y, sin embargo, la atmósfera es ominosa y terrorífica. Y, a la vez, muy pura y liberadora. Esto lo consigue Van Sant con la fotografía, que enseña una naturaleza exhuberante que casi se puede oler. Y con los interiores de una mansión húmeda y fría, con una luz constante de sábado por la mañana. La extraña inmensidad de esos espacios hace que se sienta una empatía brutal con la soledad de Blake, que vaga por ellos murmurando, ajeno al mundo exterior porque ya lo ha trascendido; ajeno a la humanidad. Hay dos escenas musicales de un solo plano que son sobrecogedoras como pocas veces he visto, devastadoras, derrochan autenticidad, la miseria (o la suerte) de alguien que ya no necesita a nadie más, que sólo puede expresarse con la música. De la misma forma que Van Sant se sirve del cine para transmitir sensaciones que no pueden ser explicadas de otra forma, también juega con el sonido para pintar sobre el celuloide. Las palabras, ¿para qué sirven? La parte final, y algún momento algo más autocomplaciente de la cuenta, es lo único reprochable a "Last Days" porque, aunque no traiciona al resto de la película, es más prosaica y hace perder a lo anterior algo de magia, la devuelve a una realidad a la que nunca había pertenecido.

viernes, 29 de diciembre de 2006

RUBY EN EL PARAÍSO

Ruby In Paradise (1993)
Dir.: Victor Nunez
USA



Hoy toca tópico: no hay aventuras como las de la vida real, la mayor aventura es vivir, etc. Ruby es una joven sureña que huye de su pueblo de toda la vida, buscando no sabe qué. Ni siquiera sabe si está buscando algo, sólo sabe que por lo menos ha conseguido aguantar allí sin quedarse embarazada y sin que le levantaran la mano. Encuentra trabajo pronto en una tienda de regalos de una ciudad turística de Florida, y allí conoce gente: algunos tarados (hombres), y algunas personas que la apoyan incluso sin saberlo (mujeres). Personajes algunos un poco esperpénticos, y aun así siempre creíbles y realistas. En su diario cuenta lo que cualquiera espera que cuente; pero es tan auténtico, Ashley Judd ha nacido tanto para ese papel, que suena como si fuera la primera vez que se cuenta. La peli es un homenaje a la sencillez y al existencialismo corriente: Ruby parece más integrada en la vida que uno de sus novios, un pedante que mira por encima del hombro al resto del mundo. Demuestra incluso más sabiduría. Todo esto contado con calma y sin prisa, de esa forma en la que parece que no ocurre nada pero consigue enganchar al espectador, que no quiere despegarse de ese trozo de vida; y el mérito está tanto en el guión como en Ashley, que juntos crean uno de los personajes femeninos (¿y feministas?) más complejos, matizados y auténticos nunca vistos en el cine. Y, además, el envoltorio de este derroche de humanidad, con el que es muy fácil sentirse identificado, no es feísta ni vulgar como se podría esperar, sino una poesía visual muy intuitiva y casi ni buscada, muy natural. Como todo en la película; se ve con media sonrisa y un nudo en la garganta, y no se puede evitar querer romper la pantalla para entrar y darle un abrazo teletubbie a Ashley Judd. Una de las pocas cosas buenas que ha dado el espíritu de Sundance.

jueves, 28 de diciembre de 2006

La Mejor Canción De Todos Los Tiempos (1): "What You've Got", Mega City Four

(Inauguro nueva sección en el blog. Cada post estará dedicado a una canción, una canción de la que en algún momento, o en muchos, habré sentido que era de verdad la mejor de todos los tiempos. No distingo entre géneros ni épocas, sólo si me la pone dura o no, así que aquí va a salir de todo. Incluiré un link para bajarla en mp3 a 192k de calidad, y la letra si puedo)
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Del disco: "Tranzophobia" (1989)
La canción se puede bajar aquí


Mega City Four es un grupo muy especial. A primera vista parece uno más de entre cientos de bandas de pop guitarrero y con deje punk, pero sus melodías sentidas y sus letras, su energía imparable, daban a su música autenticidad. "What You've Got" arranca con una guitarra deudora de Hüsker Dü, su mayor influencia. Rápidamente la voz de Wiz toma el control y nos cuenta que, aunque perdemos mucho el tiempo, las cosas que de verdad importan ya las tenemos. Que es cuestión de paciencia saber apreciarlas. La música, un poco tras la estela de los Buzzcocks, no descansa un segundo, intensa. Y vuelve a repetir la letra, insistiendo en el mensaje. Porque sus letras tenían un mensaje, vitalista y sincero.

Most of our time is wasted
looking in all the wrong places
talking to all the wrong faces
giving it away

Most of the time we're waiting
compromising and contemplating
half of the rubbish
that they put before our eyes
I got a big surprise

Cos what you've got is
worth hanging on to
things may sometimes
move a bit too slow
but what you've got is
worth hanging on to

they don't know
what you've got

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(Que sirva también como homenaje a Wiz, líder de Mega City Four y últimamente de Ipanema, que murió a primeros de diciembre. Me afectó bastante porque, además de ser un grupo de los que pueden hacerse importantes de verdad en la vida de uno, intercambié varios mails con él por el MySpace los pasados octubre y noviembre. Le propuse una pequeña entrevista, que sería la primera de este blog, y le pareció muy bien, y me dijo que cuando tuviera un rato me avisaba. Se dice siempre pero es cierto: era un tipo muy querido, que vivía por la música, que siempre tenía tiempo para todos. Y porque sus canciones y sus letras significan mucho para, quizá, no demasiada gente, pero sí de forma muy especial)

martes, 26 de diciembre de 2006

BLACK CHRISTMAS

aka Silent Night, Evil Night (1974)
Dir.: Bob Clark
Canadá


Para muchos, sobre todo en los USA, "Black Christmas" es el primer slasher de la historia. En realidad, el giallo o "La Residencia" ya llevaban haciendo esto desde hacía 10 años pero, al no ser en inglés, no parecen existir para el historiador americano del género. Más que ser pionera, esta peli supone la inspiración directa para el "Halloween" de Carpenter que, a su vez, es la inspiración directa de todos los psicópatas que llevaron el aburrimiento mortal al cine de terror durante los 80. "Black Christmas" tiende un puente entre el asesino (relativamente) clásico de Hitchcock y el moderno hombre-con-cuchillo institucionalizado.


La película tiene el ritmo y la estructura libres y relajados propios del cine de los 70. Más o menos hay planteamiento, nudo y desenlace, pero contado de manera dilatada para que no lo parezca, sin deber nada a los cánones de un subgénero que casi no existía todavía, sin tener que enseñar a los personajes arquetípicos que después serán obligatorios. El argumento ya se puede imaginar: es Navidad y, en la casa de una fraternidad femenina (un edificio presentado como si fuera una mansión gótica), casi todas las chicas se han vuelto a casa. Las pocas que quedan, desaparecen o se ven asediadas por las llamadas de un pervertido con una voz polifónica al estilo del diablo en "El Exorcista". Esa voz diabólica da los momentos de más espeluzne, y el obsoleto rastreo de las llamadas los más curiosos. Y, bueno, el desarrollo también se puede imaginar: investigación policial, algún sospechoso cercano a las chicas... Al fan moderno del género puede que le aburra, porque asesinatos hay poquitos y apenas explícitos; de hecho, ni se ven. Pero las escasas secuencias de tensión funcionan de verdad, se siente una presencia amenazadora. Clark, aunque sabe muy bien cómo manejar la cámara, es un narrador regular: sobra al menos un cuarto de hora y, sobre todo, unos detalles de humor idiota muy molestos, repetitivos y fuera de lugar, que ya anticipaban lo peor del futuro director de "Porky's". Pero, a pesar de estos incrustados, "Black Christmas" demuestra que no hace falta ser un genio para evitar que los personajes parezcan estúpidos. Que no es tan difícil crear situaciones naturales que lleven a las chicas al matadero, situaciones que no hagan gritar al espectador "¡pero dónde vas tú, atontada!". El final es, probablemente, el más inquietante y memorable del subgénero; y algo arriesgado, Clark tuvo que luchar para que los productores no lo cambiaran.

[Parece que este año se ha hecho un remake; ¿alguien lo ha visto y puede decir los niveles de infamia que alcanza? Porque esta historia, a estas alturas, tiene un impacto menos que nulo]

lunes, 25 de diciembre de 2006

Felices fiestas y Paz tenga Dios









(de misspaperclip, aquí o aquí)

domingo, 24 de diciembre de 2006

Del porqué del éxito de Papá Noel

Es más que evidente que Papá Noel está, en los últimos años, desbancando en España a los Reyes Magos como proveedor; y como icono navideño absoluto ya sobrepasa a todo lo demás. Las razones no se encuentran en el colonialismo cultural americano que hace echar espumarajos a tantas personas; o, al menos, no sólo ahí. Los motivos por los que el rojo borracho triunfa son dos:

I. Como icono: En nuestra época, la imagen de marca lo es todo, siendo incluso más importante que el producto que se ofrece. Atrae lo sencillo y directo, lo inequívoco. Los Reyes Magos tienen una estética rancia, recargada y variable. Es demasiado complicado reproducirlos a mano en un christmas para una prima, y sus colores se funden y confunden con el mobiliario amarronado franquista que todavía domina la casa española media. En cambio, Papá Noel es un tipo reconocible y siempre idéntico. Un solo color, que además es el llamativo rojo. Un gorro carismático y comercializable por cualquier todo a cien, que hasta un jefe etilizado puede ponerse en una cena laboral. Una barba y una tripa mucho más fáciles de imitar que los complejos y aburridos vestidos orientales de los Reyes. Con cuatro trazos, cualquier niño de guardería puede dibujarlo y provocar la caída de baba de los mayores. La barriga colosal ofrece una calidez contra el frío con la que ninguno de los esqueléticos Reyes Magos del tercer mundo puede competir. El personaje es un viejo bonachón que evoca al icono familiar de la Navidad: el abuelo. Mientras, los tres Magos sólo traen a la mente a un consumidor de opio de Vallecas '87. Como colofón, Papá Noel tiene su frase: ho, ho, ho. ¿Dadaísmo oculto o subnormalidad? Las dos cosas gustan, atraen y aparcan el pensamiento. Cualquiera puede reconocer y reproducir todas esas señas de identidad.

II. Como proveedor: Esto es tan obvio que cualquiera de nosotros se lo planteaba cada Navidad desde bien crío. ¿Por qué coño me dan los regalos los Reyes el día antes de ir al colegio? Cuando llegue el fin de semana y tengamos tiempo para disfrutarlos, ya habremos oído hablar de algún regalo mucho mejor que el nuestro y, entonces, una frustración adolescente adelantada y un odio inconsciente hacia los padres, por haber permitido tal tacañería, nos habrá quitado todas las ganas de jugar con ellos. En cambio, si los trae el lapón de alcohólicos anónimos tenemos dos semanas completas para exprimirlos. Que, científicamente comprobado, es el tiempo que tardamos en aburrirnos de los regalos.

(Sobre si "Santa Claus" desbancará a "Papá Noel" como nombre en España, no tengo respuestas, pero me dicen que el gran Bisbal ya lo ha usado incluso con la pronunciación americana; ya tiene la bendición del mainstream...)

sábado, 23 de diciembre de 2006

WALKABOUT

Walkabout (1971)
Dir.: Nicolas Roeg
UK



Dos hermanos ingleses (o al menos yo diría que tienen acento británico) se ven inmersos en un walkabout (rito iniciático de los aborígenes australianos adolescentes), porque su padre intenta asesinarlos en medio del desierto y no tienen más remedio que huir. Y ahí te ves a una teenager Jenny Agutter y al hijo pequeño del director intentando sobrevivir lejos de la civilización, con una radio y ningún truco en la manga. Y tiene que venir un verdadero nativo a enseñarles de qué va la supervivencia y el pensar. Roeg es antes director de fotografía que director a secas, y por eso no sorprende que la estética de la película sea tan espectacular. Rodado todo en paisajes naturales casi de pesadilla, con la arena traspasando la cámara, Roeg consigue darles tanta plasticidad que parecen casi artificiales, y la sensación de estar viendo decorados sabiendo al 100% que son localizaciones reales es muy extraña. Más todavía por la constante presencia de primeros planos de animales salvajes. No es un canto a la naturaleza ni a la pureza, no es "El Nuevo Mundo" de Malick; y si pretende serlo no lo consigue, precisamente por esa artificialidad. No es cine contemplativo; el montaje está muy presente y eso rompe cualquier intento de sumergirse de verdad en ese microcosmos agotador. Es como una peli de aventuras que da la sensación de que los personajes lo tienen todo controlado aun estando al borde de la muerte. Que motiva a ser vista una y otra vez para intentar descifrar por qué el negro hace todo lo que hace. Aunque algunas de las ideas que vemos son propias de un hippy un poco pasado y han quedado obsoletas, "Walkabout" hace que te tires de los pelos por no haber tenido la oportunidad de verla en pantalla grande. Por no haber podido ver a escala monstruosa esos desiertos, esa poesía casi infantil pero tan rara; y esas piernas perfectas que asoman debajo del uniforme de Jenny Agutter.

jueves, 14 de diciembre de 2006

MÁS VALE MUERTO

Better Off Dead... (1985)
Dir.: "Savage" Steve Holland
USA



¿Alguien quiere ver una peli condenadamente simpática? Aquí hay una. "Better Off Dead..." es lo que el bueno de John Hughes hubiera hecho de haber nacido fanzinero y porrero. Esto es que John Cusack está enamorado a morir de una chica, y la chica le deja porque quiere a alguien más popular. Lo de a morir no era sólo una expresión, porque sin ella su vida no tiene sentido y decide suicidarse. Para ayudarle a pasar el trago, a su alrededor tiene a un amigo con espíritu de vagabundo (literalmente), una madre que cocina como Bender, y una estudiante francesa de intercambio en la casa de enfrente, que le adora pero con la que no puede contactar porque se ve obligada a ser la cita diaria de su ególatra y mórbido anfitrión. Por suerte, una gran cantidad de tópicos ochenteros se acumulan en su vida y le distraen de su desesperación.


Para recuperar a su chica urde el clásico plan de enfrentarse en la pista de esquí más mortal al mejor deportista. Si pierde no importa, ya no tiene motivos para seguir. En el fondo él sabe que es un tío guay, que tiene el encanto de lo maldito, y si quiere tener alguna esperanza no puede seguir trabajando en el burger más apestoso del pueblo. No le va a ser fácil, porque el niño que reparte los periódicos está invadido por una furia homicida contra él porque una vez no le pagó, y le persigue obsesivamente como un T-1000 de barrio residencial. Y todo así. Un humor infantil pero muy efectivo esconde una auténtica pataleta adolescente, con un sencillo nihilismo pero para el que incluso el suicidio es cosa de broma. Un vacío existencial disfrazado de comedia pop, tan divertida como absurda, que incluso intercala alguna animación surrealista. Rodada con ritmo y cariño, el "Savage" Holland este, aparte de ser el director de nombre más molón que conozco, es como el hermano tonto de John Hughes, el que prefería los comics a los libros, el que tampoco se llevaba a la chica pero era porque no se enteraba. El que hacía chistes de gordos y se guardaba sus sentimientos. El que prefería ver a unas hamburguesas hablando que a unos chicos como él abriendo su corazón. Pero no eran tan diferentes. A veces se reían con las mismas cosas. Y la procesión iba por dentro. Y se nota.

miércoles, 13 de diciembre de 2006

Así se empieza una peli: THE FRIGHTENERS

(en España llamada "Agárrame esos fantasmas"...)


Sobre el logo de Universal, una siniestra musiquilla a lo Danny Elfman empieza a crear la atmósfera. Hay una fuerte tormenta, con una lluvia salvaje y los tradicionales rayos y truenos. Cae sobre una icónica mansión de película de miedo. La cámara va bajando, atravesando una ventana cerrada, las cortinas, pasa el ático a través de un agujero de rata... y entonces la música sube, y hay una mujer histérica, tanto como la propia cámara, corriendo por las escaleras. "¡No me hagas daño!". Grita a alguien o algo que la persigue. Su madre interviene: "¡Es un error! Es muy joven... ¡los pecados de la carne la destruirán!". De pronto, con la música ya a todo trapo y sin dar tiempo a asimilar la situación, un ente fantasmal presiona contra las paredes; una forma que recuerda a la de Freddy marcando su relieve amenazador en un muro sobre una cama, tirando un crucifijo. La cámara va para aquí y para allá, el ser intenta cruzar puertas, alfombras, cualquier superficie; pero parece que no consigue entrar en esta dimensión. La mujer está desesperada, no sabe dónde esconderse, la cosa la engancha, y le tira encima estanterías y todo lo que se encuentra por el camino. Ella vuelve a subir las escaleras, y el bicho la agarra y la intenta arrastrar al que sea su mundo. De pronto, la vieja, la no menos icónica madre posesiva y fanática, sale de su habitación cargando una recortada, y grita: "¡Los malvados serán castigados!". ¡Y le vuela la cabeza al ente a través de la alfombra! El ser parece liberado y, como una oscura figura de humo muy negro, asalta la pantalla hacia el espectador, y empiezan los créditos. Sólo han pasado 2 minutos y Peter Jackson ha invadido la acción, histérico y demente. Ha conseguido, como siempre, contagiar su pasión por lo que está rodando.

Es un director vivo, y a día de hoy, a pesar de su megalomanía, lo sigue siendo. Y yo me sigo preguntando cómo alguien puede pensar que esta película se la hizo en realidad Zemeckis.

jueves, 7 de diciembre de 2006

De los cánones culturales (y de cómo me sudan la polla)

No pasa un solo día sin que me cuestione la validez de los cánones estéticos, la autenticidad de la separación entre alta y baja cultura. ¿Por qué es mejor una que otra? Todavía no he encontrado un argumento convincente que me diga que la cultura auténtica es la compleja y genial, la académica. Concreto: sí que he encontrado esos argumentos, de forma poderosa, pero ninguno quita la sensación de que son arbitrarios, de que se hubiera podido elaborar una teoría estética igualmente firme defendiendo la cultura sencilla y eficaz.

La alta cultura sería la que se enseña en las universidades, la que el academicismo considera de genio indiscutible. La de los que parieron obras complejas, trabajadas y casi sobrehumanas. Capaces de mover la mente, llevar la razón a la estratosfera y, si hay suerte, también la emoción. ¿El problema? Evidente: que no son muchos los que la comprenden en profundidad y, quizá por haberle dedicado años de estudio, se ven incapaces de criticarla o, más bien, ponerla en perspectiva, de valorar y reinterpretar también otro tipo de cultura que no es la de verdad, la suya. "Para qué perder el tiempo con minucias". Pero, ¿por qué quitarle todo valor serio y respetable a otro tipo de obras que también son capaces no sólo de llevar a la emoción más profunda, sino incluso a la reflexión? ¿O de crear poesía? ¿Por qué es mejor un mismo pensamiento provocado por Shakespeare que provocado por "Star Trek", independientemente de su valía estética? Se puede hablar de la perdurabilidad: el clásico se mantiene durante siglos, mientras que la baja cultura durará con suerte unas décadas. Pero, ¿qué tiene que ver su duración en el tiempo con su efecto en el ser humano? Personalmente estoy muy a favor de las culturas del momento; no me refiero a las modas, sino a la inmensa capacidad de transmitir algo de una obra más o menos contemporánea al que la consume. Sin negar que la tragedia de "Romeo y Julieta" pueda hacernos llorar como posesos y elevarnos contemplando su maestría, ¿por qué cojones no se valora en "Mortal Zombie" ("Return of the living dead 3") la misma capacidad de hacer sentir una tragedia romántica más grande que la vida, en su contexto?

En la Estética se habla mucho del arte absoluto, de que el Arte mayusculizado puede no estar encaminado a provocar reacciones, emociones o reflexiones, sino que su valor está en sí mismo. El ejemplo más claro es el arte abstracto. Pero gran parte de la alta cultura también apela al corazón. Así, se toma en serio por un lado la intelectualidad pura; por otro, la mezcla de la razón y el corazón, siempre que esté enmarcada en una complejidad y un trabajo posible de crear por muy pocos. Pero NO se valoran las obras puramente físicas, las que van con sencillez y humildad disparando a nuestras capas superficiales, ni siquiera cuando las traspasan y van más allá, consiguiendo los mismos efectos que las obras de verdad. Generalmente, una razón por la que no se toman en serio es porque su capacidad de provocar esos efectos se va perdiendo con el paso del tiempo, y es sustituida por otro mecanismo nuevo que los provoca. Pero, ¿acaso no hizo su papel en su momento? No todas las obras similares lo consiguieron, así que hay que aceptar que no es tan fácil hacer su papel y que hay algunas especiales, que tienen méritos propios, aunque sean méritos basados sólo en su eficacia, y aunque se queden obsoletos y vayan siendo sustituidos por otros. Por estas limitaciones yo me cago en la perdurabilidad y el clasicismo. Necesario, sí; pero que ejerce una tiranía canónica que impide la consideración seria de otras opciones, por culpa de una élite relativamente escasa que tiene el poder y el prestigio para hacerlo cambiar, y que se niega a hacerlo porque sería rebajar el listón. O desatar el caos y el desorden cultural. ¿Por qué es mejor la perfección que la imperfección? De hecho, ¿no inspira la segunda a participar y a sentirse más vivo? En resumen, diré que estoy de acuerdo en que haya un arte puro como el de la pintura abstracta, me siento cómodo con los dos polos del tema; pero estoy radicalmente en contra de que no se consideren dignas de respeto y reconocimiento obras supuestamente menores, pero igualmente capaces que la alta cultura de provocar reacciones, emociones y reflexiones. Las mismas y de la misma intensidad. ¿No son también grandes productos de la humanidad de su época la demencia canalla y salvaje, desatada, de "La matanza de Texas 2", o la de "Las once mil vergas" de Apollinaire? ¿No hay un gran hálito épico en "Los renegados del diablo" al igual que en la "Ilíada"? No niego la importancia de los cánones como guía de entrada pero, una vez asimilados, el verdadero valor está en los cánones de cada uno, siendo además reconfortante comprobar que a veces se comparten con alguien.

[Por supuesto, esto no es más que un apasionado puñado de ideas casi aleatorias sobre un tema que me obsesiona, un puñado muy incompleto, algo disperso y puede que contradictorio, que habrá cumplido su función si una frase ha hecho pensar en algo que no había pensado antes a una persona, facilitando el camino hasta sus propias conclusiones. Porque, en el fondo, siendo consciente de la importancia de todos los tipos de arte para las sociedades; en el fondo, esto no es más que una apología de la subjetividad y una rabieta contra el academicismo.]

lunes, 4 de diciembre de 2006

MANDERLAY

Manderlay (2005)
Dir.: Lars von Trier
Dinamarca (y cinco países más)



Cuando vi "Dogville", me cabreó profundamente. Casi me hizo perder la fe en el ser humano. Aparte de ser un coñazo, el final defendía las mismas tesis que las pelis de Stallone, pero desde un punto de vista supuestamente inteligente y probado. Como si desde los dos lados me estuvieran diciendo que no hay otra salida. Eso asustaba bastante. Ahora me siento un poco tonto, porque veo que piqué en el juego de von Trier, y me lo tomé demasiado en serio. Por eso me dio tanto miedo, pensaba que era un loco peligroso. Y en realidad es solamente un provocador, un tipo que salta y baila detrás de la cámara con sus ocurrencias, quizá colando alguna de sus verdaderas ideas, pero que no deja la posibilidad de saber dónde y cómo nos está echando sal en una herida sólo para ver cómo nos retorcemos, y dónde y cómo está moralizando sinceramente. "Dogville" me sigue pareciendo una basura, pero ya no creo que sea un peligro público.


Esto viene porque he visto "Manderlay" esperando otro churro y un uso masivo del fast-forward, y sorprendentemente me ha gustado. Juega sus cartas muchísimo mejor, y para el espectador desprejuiciado es más claro lo que pretende, que no es otra cosa que tocar las pelotas. En "Dogville" parecía tocarlas tan de verdad que era difícil tomársela como una broma. Von Trier en el fondo es un cachondo, y "Manderlay" su peli más divertida, una especie de comedia negrísima (no pun intended) disfrazada de fábula dramática y pretenciosa. Que también lo es, pero muy autoconsciente, exagerada de forma inteligente. O al menos facilitando al espectador que se sienta inteligente, mientras el danés loco está en la sala de montaje llorando de la risa con los efectos que prevee con su nueva criatura. Lo imagino de cañas, cierto que con un libro de Kierkegaard bajo el brazo, pero comentando con los colegas los futuros ríos de tinta sobre su nueva criatura, las teorías políticas y filosóficas que se pueden extraer de ella. Y entonces Lars, partiéndose el ojete, invita a todos a otra ronda porque está contento de haber conseguido tomar el pelo a la intelectualidad menos rigurosa. "Manderlay" es, a su manera, tan anárquica y anarquista como "El club de la lucha", y el final promueve igual el levantarse y aplaudir entre carcajadas.


Entre tanto jueguecito, es cierto que el drama sigue ocupando la mayor parte del metraje, y que además es efectivo. Puede que sea tramposo, pero de forma menos evidente que en "Dogville". El engaño es, a la vez, más obvio, por recurrir menos a las reacciones viscerales, permitiendo pensar, y también más sutil. En pocas palabras: Lars se lo ha currado más. Habla del poder, de que el sexo es la base de todo, y de la responsabilidad de la libertad. Pero es imposible saber si lo hace en serio, estando aquí la única virtud compartida con la primera: la ambigüedad, lo que permite y empuja a hablar sobre ella durante horas. El montaje y la dirección siguen siendo bastante malos y aleatorios, pero no creo que se pretenda otra cosa. Técnicamente, sólo la cálida fotografía se salva, provocando con su artificialidad directísima que se sienta el foco en la cara de los actores como en la propia. Los decorados, supuesta gran baza de la primera, en la que me parecen bastante gratuitos, aquí son más misteriosos y elaborados, y mucho más integrados en la historia. Y resulta que la narración aquí sí que funciona, y consigue hacer la película de lo más entretenida. Reconozco que empiezo a pensar que el hecho de que me disgustara tanto "Dogville" fue problema mío, y estoy tentado de volver a sufrir sus 3 horacas a ver qué pasa, y a ver si me divierto tanto como con "Manderlay". Y también me preocupa que lo que me vomitara fuera de "Dogville" fuera Nicole Kidman, tan genuinamente insoportable como su ex-Cruise, actriz salvada por el doblaje, y que estaba allí totalmente fuera de lugar. Porque Bryce Dallas Howard, sin ser brillante, sí consigue fusionarse con la película, encaja en el papel y sabe desenvolverse en él sin estridencias, sin llamar la atención. Y ese contraste con el escandaloso von Trier equilibra "Manderlay", pues en la primera parte dos insufribles, el danés y la australiana, no se anulaban, sino que se potenciaban.