martes, 5 de enero de 2010

LA OLA

Die Welle (2008)
Dennis Gansel
Alemania

Un ejercicio de didactismo "político" en el cine comercial actual es algo que merece la pena aplaudir. Dennis Gansel se basa en un experimento real de 1967, aunque probablemente ya exagerado en sus escritos por su instigador original, en el que un profesor creó un movimiento de unión entre los estudiantes durante una semana. El objetivo de todo este proyecto es más que lícito: recordar de la forma más clara posible, por la vivencia directa, que, por mucho que vivamos en un mundo globalizado de islas individuales y alienación y pasotismo general, no estamos a salvo de las autocracias. No ha terminado su tiempo histórico y siempre pueden volver. Ejemplos recientes cercanos de gente con poder que se pasea públicamente haciendo lo que quiere, ejemplos que asustan más que la propia película, por ser absolutamente reales: la corrupción ostentosa (¡y asumida por los ciudadanos!) de la Comunidad Valenciana, el cinismo interesado y la mentira evidente de la mayoría de los representantes políticos españoles o, el caso más siniestro, la impunidad a todos los niveles de Berlusconi, apoyado por gran parte de los italianos. Ese cinismo y ese interés se asume y termina por tomarse a broma, olvidando que tiene repercusiones reales. La política acaba por verse como un juego estúpido que se mueve en una esfera distinta a la cotidiana, pero no lo es: por ejemplo, muere de verdad mucha gente por el inmoral partidismo que lleva a no querer aplicar como se debe la Ley de Dependencia en la Comunidad Valenciana. Pese a que el contexto alemán de La ola invita a pensar sobre todo en el nazismo, se aprecia la universalización de la posibilidad del suceso, dada la cada vez menor diferencia, en el mundo occidental, entre unas culturas y otras.

Al principio del experimento hay una secuencia con discusión política, pero más allá la película no profundiza y es más bien esquemática. Si su función es pedagógica, no se puede objetar nada a una cierta simplificación para hacer más comprensible su mensaje, para acercarlo a un público al que todo esto se la trae floja. Para esto, se recurre a arquetipos, situaciones y diálogos, por no hablar de toda la apariencia formal, en no pocas ocasiones similares a los de una serie adolescente del tipo de Física o química. Y sobre todo a un sensacionalismo chirriante que, intentando extremar el interés, resta credibilidad y termina por desviar la propuesta inicial. El final es un error dramático y, sobre todo, didáctico: puede llegar a entenderse, aunque no sea ésta la intención de la película, que la autocracia es mala simplemente porque lleva a la muerte y a la violencia. Por supuesto que éste es uno de sus mayores peligros, pero deja como secundarios la brutal pérdida de humanidad y de libertad que cada individuo sufre en este proceso, por no hablar de la paradójica paralización de los intereses colectivos (en sentido democrático) que sucede en este grupo tan unido y con un líder destacado. Para terminar, ocurre algo muy propio de nuestra época y que la película no sólo no critica sino que da como una buena resolución: el profesor parece ser culpabilizado de todo. Los alumnos, que no queda claro si han entendido bien lo que ha pasado, le lanzan miradas casi acusadoras y, lo que es peor tratándose de un "intelectual" que debería entender mejor todo esto, su detención es probable que se deba a su autoinculpación. La falta total de asunción de responsabilidades es el verdadero peligro de fondo, porque permite que todo valga sin necesidad de justificación. Si sale mal: ha sido culpa de otro. Pero las autocracias también surgen por la complicidad o, al menos, el silencio de la gente. Por eso hay que estar alerta. Los miembros de la resistencia activa de La ola son también personajes de trapo, pero cumplen su función de mostrar que hay opciones y posibilidades de lucha cuando aún se está a tiempo.

Sobre la naturaleza del movimiento de La ola, llama la atención su carencia total de ideología. Es vacuo y basado puramente en el sentimiento de unión de un grupo. Si arranca y, de hecho, atrapa a muchos estudiantes, es precisamente porque no tiene nada de política en él, es un juego inocente. Pero pronto, con una rapidez no demasiado bien contada que lleva al espectador a cierta incredulidad, va más allá del juego y se convierte en algo que dota de sentido a la existencia. Pero sigue sin ser política, es placer instantáneo en un corto periodo de tiempo; ni siquiera hay perspectivas de futuro, sólo se vive el momento y se sigue su crecimiento imparable sin que nadie que esté dentro se plantee lo que está pasando. El profesor comete otro grave error no explicando nada a los estudiantes en la última clase. Se cabrea, se resigna y los manda a todos al carajo; otra muestra de la falta de responsabilidad, de escaquearse sin más de las consecuencias, en este caso más escandaloso porque abandona su obligación pedagógica inicial por la que empezó todo sencillamente porque no ha salido como él ha querido. Después lo intenta arreglar con el mitin final, pero lo hace obligado por las circunstancias más que por su conciencia. Ahí se introduce por primera vez la política, y de forma muy explícita, y es precisamente el momento menos creíble de toda la película, porque nada lleva a pensar que todos, por muy unidos y metidos que estén en el movimiento, tengan una misma ideología coincidente con la que presenta el profesor, por muy populista que sea. El miedo como factor de presión ya ha aparecido, pero no a unos niveles que justifiquen tal aceptación uniforme de un discurso político que sale de la nada. Otro rasgo muy contemporáneo es el interesante episodio de las pintadas (y todo la parafernalia), que muestra que, además de por todos los sentimientos de comunidad, si esto triunfa es por la necesidad de una estética que identifique al individuo; aunque sea a partir del grupo, es cada persona quien lleva el logotipo como estandarte de sí mismo. Como en el nazismo, la estética pura es el primer y más convincente argumento.

La intención de La ola es más que buena, y hasta loable. Sin embargo, queda presa de su época y de su comercialismo. El violento final hace la tesis más impactante, pero a cambio la desvía más de lo que la importancia del tema merece. Se puede incluso interpretar que todo esto es peligroso porque hay débiles y perturbados que pueden llevarlo demasiado lejos, cuando en realidad el peligro es que cualquiera puede caer y, aunque esto está presente, es en lo que debería haberse incidido prioritariamente. Cumple su función de decir al público que es necesario no ya como ciudadano (hay que recordar que la política es casi inexistente) sino como persona estar alerta ante estas situaciones, que no tiene que creer y aceptar que forman parte de una historia que no volverá porque vivimos en un mundo civilizado, y que el individualismo contemporáneo no es una vacuna a los movimientos de masas. En este tema se puede hacer la mayor crítica política a La ola: es demasiado fácil entender que toda unión social es peligrosa porque puede derivar en autocracia. No hay ningún mensaje, y si lo hay queda diluido, que muestre los indudables puntos a favor de la unión social. Lo mismo sucede con la disciplina, que es condenada como un camino más que probable a la dictadura y al sometimiento; apenas una leve referencia de la chica opositora, de la facción que lucha contra los modos de La Ola, cuando dice a sus padres que deberían haber sido algo menos permisivos con su hermano pequeño, un gamberro maleducado. En todo caso, es una película digna de ser proyectada en las escuelas; siempre que vaya acompañada de un debate que sin duda fomenta, y sobre todo del comentario crítico de profesores que no rehúyan sus responsabilidades.

5 comentarios:

Irlem dijo...

Gran análisis del film.
Pero muy encapsulado a mi gusto.
Si bien tienes el punto en el tema de las responsabilidades, y creo recordar ya que la visioné hace tiempo, que el profesor era el típico profe-anarkista desarraigado en muchos sentidos, por lo que no es de extrañar que luego se le vaya de las manos e incluso su ego se vea reforzado.
Dado el escaso debate político e ideológico que protagonizamos hoy en día, es un gran filme para sembrar la duda, el pánico o sacar de la indiferencia a muchos, con o sin conciencia política, cosa que en una democracia adulta es más que necesario.

Sociologa en pijama dijo...

A mi me ha gustado su analisis y bueno, por mucha globalización y homogenizacion de gustos (más en los adolescentes e institutos) a mi me pareció que la estetica era super californiana a lo Wassup rockers y eso me hizo calificarla como "comercial" o guayona.
Me gusta que culpe a todos y no al R. Höss de turno; el profe acrata en el fondo no esta tan lejos del fascista que acaba siendo (los extremos se tocan demasiado)y bueno, el postmodernismo/indiferencia hace el resto. El tema de las masas para mi es más un rollo de sentirse vivo, de sentirse parte de algo porque en el fondo somos ratas y por lo tanto animales sociales.

Hay una cosa de la que no habla directamente (igual para no joder la peli) y es del final. A mi me pareció el mejor final posible (no podía terminar de otra manera y ser proyectada) normalmente hay dos opciones filosoficas: la acción y la frustración, el suicidio las engloba dulcemente.

Por los dioses que grunge me quedó eso!

Borja dijo...

Pijamera: Tienes razón en la estética, no sé si decía algo en la crítica. Pero cada vez más creo que al analizar el cine hay que pasar de los detalles (los tópicos, las concesiones...) para ir al grano, si es que lo hay. Ah, el final sí que lo comento, en el último párrafo (aunque no lo cuento). Tienes razón en lo de la acción y la frustración (¡por eso la culpa es de todos!), lo que pasa es que creo que el suicidio aquí es un recurso demasiado melodramático y, como dije, acaba quedando más el impacto que la idea.

sociologa en pijama dijo...

El problema es que usted es un idealista y sigue creyendo que hay alguna idea en el fondo...

(Mateme por cinica, que lo merezco)

Borja dijo...

Por supuesto que soy un idealista, pero también materalista: no sé si hay alguna idea (y sobre todo si se puede realizar en sociedad), pero sí que hay esperanza. Siempre hay esperanza, sólo se pierde con el cinismo y esa es la peor derrota!