martes, 27 de diciembre de 2005

De buena familia



Qué alegría me dio mi abuelo este verano, cuando me enseñó una revista (que dirigía mi bisabuelo) en la que escribía artículos mi tía-abuela Maruja. La mujer era toda una lumbrera, y me alegra saber que esto de la pasión por escribir sobre cine viene de genética, y no soy el primero en mi árbol genealógico.

La revista se llamaba "Gráfico Deportivo", dedicada principalmente a la caza y a la pesca. En el primer número, publicado en Alicante en Julio de 1935, se inauguraba también una sección de cine, "Cinemanias", que llevaría mi tía-abuela Maruja. Por desgracia, aunque sé que se editaron más números, éste es el único que conservamos. Y como ella dice, son sólo "mis primeras palabras que han de servir de prólogo a mis trabajos". Podría dedicarle una sección a sus artículos, pero a no ser que la historia y las librerías de viejo me reserven una sorpresa, no ocurrirá.

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En este primer artículo, después de una introducción pelotera ("Todo aquel que haya mantenido una charla con la señora Llopis, habrá podido apreciar que la expresión de sus pensamientos y sus ideas alcanzan un grado de perfección tan notable que su actuación como periodista podemos asegurar ha de ser meritoria y laboriosa"), que me dicen que no es exagerada porque era una mujer muy inteligente de verdad, Maruja nos habla, en la España de 1935, sobre el futuro de la televisión y el cine. Y decía lo siguiente:

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El cine sonoro y la televisión

Los avances y perfeccionamientos de la radiodifusión son mundialmente conocidos. No obstante existe algo más allá de la radio, que aún cuando va unido estrechamente a ésta, es desconocida en bastantes partes del universo. Es ello: la Televisión, que en el momento se divulgue (y esto lo hará con una rapidez asombrosa), ocasionará un grave conflicto al Cinema y al Teatro. Sustento este criterio, teniendo en cuenta que entonces, con un simple movimiento en los mandos del aparato radio-receptor, podrán admirarse sin salir de casa las obras y films que las emisoras lancen al éter desde sus estudios, acarreando con ello el natural retraimiento del público a las taquillas de los espectáculos con un perjuicio lamentable para sus empresas.
La técnica moderna impone la aceptación de la Televisión, como algo sorprendente y no cabe duda de que se adueñará de la situación, como se han adueñado e impuesto otros adelantos, demasiado conocidos por todos para enumerarlos; lo contrario equivaldría a paralizar el progreso, y esto no debe ni puede haber nadie capaz de realizarlo.
Es de suponer que todo esto haya sido previsto por ambas partes, y es de suponer también, que por lo menos la parte perjudicada se decida a estudiar el sistema de solución, que fastidiando como es natural, lo haga en grado mínimo. Todo antes que esperar hasta el límite de que pueda pillarles desprevenidos, pues entonces quizá fuese demasiado tarde, ya que la sorpresa y la confusión consiguiente por tal aparición, envolvería al Cine y al Teatro de tal manera, que difícilmente podría salir airoso de esta tempestad que se avecina, dirigida única y exclusivamente contra ambos.
Ahora pues, cuando aún no se ha dejado vislumbrar en el horizonte la señal de su aparición debe ser el momento oportuno, para someter a una regularización especial tanto la actuación de la televisión como la de los demás espectáculos anexos a ella, volviendo a insistir que no se deje dormir mucho tiempo la cuestión, ya que la apatía y dejadez, nos han ocasionado en muchas ocasiones, notorios perjuicios que otros han sabido aprovechar, obteniendo el beneficio que nosotros no quisimos o no supimos obtener. (Me inclino por lo primero).
Las empresas en general tienen la palabra.

Maruja LLOPIS
Alicante Julio 1935

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Recuerdo haberla conocido muy muy de pequeño, o sea que como si no. Se casó con un ex-legionario de buen corazón, y después se quedó p'allá, se dice en la familia que porque se pasó de lista. Yo hoy leería su blog.

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