Acabo de leer que ha muerto Stanislaw Lem. Literariamente ya llevaba muerto muchos años, al menos en España; pero no es agradable saber que se ha ido tu escritor favorito, incluso me atrevería a llamarlo guía filosófico o hasta modelo inspirador. Siempre quedaba la esperanza del "¿y si vuelve...?". Estoy bastante afectado, es alguien con quien he crecido, con quien he dialogado leyéndolo, me ha hecho pensar como ninguna otra persona, ha cambiado mi forma de ver muchísimas cosas. Me limitaré a copiar un fragmento de "Congreso de futurología", que puede que se parezca a lo que Stanislaw haya visto después de sus últimos momentos. Peor que yo lo estarán pasando Jadwiga Maurizio y Melitón Bustamante. Y qué graciosa esta foto suya con una peluca, seguro que además de todo lo anterior, era una gran persona.
Nada.
Nada.
Nada; pero nada de nada.
Me pareció que algo..., pero no. Nada.
No hay nada. Ni yo tampoco.
¿Cuánto tiempo aún? Nada.
Parece como si algo hubiera, pero no es seguro. Tengo que concentrarme.
Pasa algo, pero no mucho. En otras circunstancias, diría que nada.
Hielo blanco y azul. Todo es hielo, y yo también.
Este hielo es muy hermoso; ¡si no fuese tan frío!
Agujas de hielo y cristales de nieve. El ártico. Un carámbano en la época. ¿Médula en los huesos? Pero qué médula: limpia, de hielo transparente. Está helada y rígida.
Helado: soy yo. Pero, ¿qué significa yo? Tal es la cuestión.
Nunca sentí tanto frío. Afortunadamente, no sé lo que significa yo. ¿Yo? ¿El presunto yo? ¿Un témpano de hielo? ¿Es que las montañas de hielo tienen agujeros?
lunes, 27 de marzo de 2006
LEM
10 razones para amar a Crispin Glover
1) Su segundo nombre es Hellion. Crispin-Hellion-Glover.
2) No envejece.
3) Fiel a sí mismo, no se cansa de hacer personajes únicos, varios metros más allá de la sobreactuación. Como el primo Dell de "Corazón salvaje", el heavy drogadísimo y dictatorial de "River's edge", George McFly en "Regreso al futuro", el carismático Thin Man de "Los ángeles de Charlie" o su primer verdadero protagonista en "Willard", rodeado de ratas. Y en "Dead Man", y en "Persiguiendo a Betty", y haciendo de Andy Warhol en "The Doors", y...
4) Tiene un disco de título interminable, medio monólogos enfermizos medio ochenterismo experimental, con una versión de "These boots are made for walking" como grabada en un retrete. Como muestra, el vídeo de "Clowny clowny clown", tan demente como la propia canción.
5) Para "Willard" cantó el "Ben" de Michael Jackson. Poco después dirigió un videoclip de su versión.
6) Ha escrito libros. Uno sobre el arte de cazar ratas, otro de la vida de un hombre contada al revés. No esperaríais una novela histórica con templarios.
7) Salió a una entrevista mítica en el programa de David Letterman con peluca y taconazos y casi le pega al presentador, quien intenta desesperadamente volver a ser el centro de atención, además de humillarle después de que se ha ido. Obviamente el que queda mal no es quien Letterman se piensa. Se dice que Crispin iba hasta arriba de ácido, pero la gracia está en que él es así de verdad.
8) Ha dirigido una película metafísico-religiosa, de momento inencontrable, que se llama "What is it?", sólo con actores con síndrome de Down, él mismo, y gritos de Fairuza Balk.
9) Aunque al final han estado ciegos y no lo han cogido para hacer del Joker en el próximo Batman en cine, en su siguiente peli interpreta a Grendel, el monstruo mitológico de la leyenda escandinava de Beowulf.
10) Su pelo.
viernes, 29 de julio de 2005
Nicholas Roerich
Este tío era un ruso que se fue al Himalaya a pintar montañas, a soltar rollos místicos, y a dejarse crecer un bigote canoso como el de los chinos maestros del kung-fu. Era un apasionado de la arqueología, y sintió la llamada de culturas pasadas. Un artista multidisciplinar que dirían hoy, a lo Leonardo da Vinci que dirían hace un siglo, porque era además poeta, y creo que de los chungos, porque ahora es venerado en ese aspecto por asociaciones sospechosas, en plan fans de Paulo Coelho+JJ Benitez pero a lo yanqui. Aquí hay unos textos suyos que espero no tener que leer nunca; son demasiado profundos como para que sean mancillados por el Mozilla. En un viaje por Europa de esos que hacían los rusos de los libros del siglo XIX, en plan balneario de Baden-Baden, encontró el amor en una arqueóloga gafotas y reprimida (digo yo). La tía era otra elementa que también escribía proverbios baratos, y a Nicholas no le fue difícil comerle la cabeza. Los dos siguieron por el mundo dando por saco, y mientras tanto Nicholas nos dejó una increíble colección de cuadros, llenos de colores saturados y demasiado sugerentes.
A este artista lo descubrí hace unos años, leyendo mi primer Lovecraft, "En las montañas de la locura". Allí, el bueno de Howard repetía como 6 o 7 veces que el paisaje y el ambiente que describía era como el de los cuadros de Roerich; no sólo como persona, sino también parece que como escritor era inseguro, y no confiaba en que sus sobrecargadas descripciones fueran lo suficientemente claras. El relato, por cierto, es de los más flojos de H.P. porque, aunque tiene un buen puñado de momentos y de imágenes fascinantes (salen pingüinos ciegos) y un climax que da mucho canguelo, se embarra contando cosas sobre civilizaciones monstruosas. Algunas referencias a Roerich en el libro:
Extrañas formaciones en laderas de montañas más altas. Grandes bloques cuadrados y bajos con lados completamente verticales y líneas
rectangulares de paredes verticales como los antiguos castillos asiáticos adheridos a las empinadas montañas que aparecen en los cuadros
de Roerich.
Algo de aquel paisaje me recordaba las extrañas y perturbadoras pinturas asiáticas de Nicholas Roerich (...)
Fue Danforth quien nos llamó la atención acerca de la curiosa regularidad de las montañas más altas, regularidad como de fragmentos
adheridos de cubos perfectos, a los que Lake había aludido en sus
mensajes y que efectivamente justificaban su comparación con las
imágenes, como soñadas, de ruinas de templos primitivos sobre las cimas nubosas de Asia, que tan sutil y extrañamente pintara Roerich.
Después de ver sus cuadros, no pude sino estar de acuerdo con Lovecraft en que las casi oníricas pinturas de Roerich encajaban perfectamente en la atmósfera de su libro. Sólo que seguramente la intención del artista era mostrar algo reposado que invitara a la reflexión mística por medio de la naturaleza y símbolos budistas, y por culpa de H.P. sólo veo en ellas un indicio de ignotos mundos ocultos, arcanos, etc. En la web de su museo, hay una estupenda colección para ver, aunque las imágenes sean demasiado pequeñas. También hay una biografía en castellano aquí.
