Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones pretenciosas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones pretenciosas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de febrero de 2008

Equivalencia de entrada bloguera al ejercicio cinematográfico y metasocial de MONSTRUOSO

La he visto, y me he quedado igual. Al principio me ha sugerido ideas, que he intuido pero no llegado a ver, ideas que he ido olvidando conforme avanzaba. Pensaba escribir, de hacerlo, porque la he ido olvidando al poco de salir, sobre el error que suponía desaprovechar una cámara de vídeo usándola como si fuera el plano subjetivo de un personaje, y no de la propia cámara. Sobre la falta de un supuesto pretendido realismo, y de tensión. Del descarado product placement de Sephora, Nokia o Mountain Dew que evidencian que todo es una jugarreta comercial, algo eficaz como entretenimiento, del Abrams. De cómo un amor de novela barata distraía las presuntas intenciones terroríficas, de tensión, de acción. Pero en eso que me pongo a hojear blogs y descubro que los de siempre tienen formada una especie de sociedad de iluminados, que ven en "Cloverfield" valores que la convierten casi en una obra radical, definitoria de nuestra época como ninguna otra. Mi curso de pensamiento sigue: creo entender, pero no comparto, los pocos argumentos que entreveo. No puedo dejar de pensar en que esas cosas que se alaban sí, están bien, veo lo que quieres decir, pero no son nada especial que no se haya hecho un poco antes y mejor. Pienso que, por alguna razón que se me escapa, "Monstruoso" ha tenido la suerte de caer en gracia. Sigo el camino, cada vez más intrigado, de intentar desvelar el entuerto, encontrar esa luz que me deje ver lo que sospecho que tengo a oscuras, a un lado. En esto que caigo en El gabinete del Dr Zito, y leo, entre otras lúcidas reflexiones, el párrafo que por fin lo explica todo:

"Así que si hemos de representar el estallido de una plaga mundial, la venida de un Gargantúa lovecraftiano o la resurrección de todos los muertos que en el mundo han sido, la credibilidad del espectáculo será proporcional al grado en el que esa representación se aproxime a lo que esperamos y fantaseamos que suceda: versiones hipertrofiadas del imaginario que poseemos de nuestras propias vidas diarias, fotologs, youtubes, blogs, emails mediante."

El esfuerzo ha valido la pena, ¡soy uno de ellos! La inmensa "Redacted" tenía intenciones parecidas, pero más políticas y metacinematográficas, a su manera, veo ahora, más relativamente "clásicas", verticales de un autor al espectador; pero "Cloverfield" nos trata de igual a igual, es un comentario social desde el epicentro de lo comentado, se alimenta de ello y a la vez lo alimenta. Tengo que aprovechar el momento y uso los comentarios de su blog agradecido, aprovechando para poner mi parte:

"Tengo que decir que lo que dices sobre “Cloverfield” me ha abierto los ojos, es lo que intuía pero no terminaba de reconocer. Es un proceso de identificación con los personajes bastante innovador, nos metemos en su piel al principio no sólo porque viven (más o menos...) como nosotros, en el sentido de compartir el mismo tiempo, la misma conciencia colectiva; sino también porque comparten la visión moderna, entiéndase a través de las nuevas tecnologías, y además son protagonistas de las fantasías de quienes así vivimos.
En el cine me ha dejado algo frío, quizá por ir con expectativas equivocadas. Llego y casa, empiezo a leer, y resulta que casi todos estáis de acuerdo en que es una maravilla y tal y cual. No veía o no compartía los argumentos, hasta que he leído lo tuyo. Eso sí, ahora la encuentro mucho más interesante pero no tan brillante como se dice. De momento, ahora me muero de ganas por verla otra vez...
Borja dijo esto en Miércoles, Febrero 6, 2008 en 9:21 pm"


Sabe a poco. Estoy motivado. Me voy a mi blog: empezaré a contar el proceso por el que la he descubierto, me gusta cómo va quedando y decido que la entrada funciona también como otra extensión de la propia película. Creo que estoy terminando; mientras, veo un YouTube que me mandan por el msn, a trozos, al ritmo de su carga; mientras, mando un SMS gratis contando a la destinataria que acaba de llegarme un SMS suyo vacío, que el móvil me dice que no puede descargarlo. Hoy he borrado una foto del móvil, no he hecho ninguna pero acabo de recordar que anoche estuve compartiendo una en un bar, de una matrícula en la que ponía XDD. Hoy: he actualizado el blog hablando sobre una de mis canciones favoritas de tota la vida, y la he embeddeado para que la escuche quien quiera, a ver si hay suerte y convenzo a alguien. He paseado por el puerto escuchando mp3 en random, alguno insinuado por el Guitar Hero. He visto "Monstruoso" en el cine... Y era un MMS y el teléfono no me lo quiere enseñar.

lunes, 4 de febrero de 2008

Goyas: Comentario sin interés sobre un tema sin interés

Los premios, sobre todo los culturales, para cualquier persona sana mental y físicamente, son una santa chorrada. Evidencia: obedecen a intereses económicos o, con suerte, a opiniones mayoritarias adocenadas. Estas opiniones, además, no tienen por qué ser sinceras, sino que las supongo bastante condicionadas por su entorno. O sea: voy a votar a "El paciente inglés" porque es una peli que es muy de ganar un Oscar, digo yo que será lo que tengo que votar; piensa el miembro académico. Y llegamos a la palabra clave: académico. Casi nunca gana, apenas se nomina, nada que no se haya visto ya antes. Los productos son sucedáneos, a veces precreados con un ojo puesto precisamente en estas candidaturas, para explotarlas después comercialmente. En el caso de los Goya españoles, hasta los propios premios son un sucedáneo que parecer querer imitar a los Oscar, con un supuesto glamour, galas y demás, de espíritu tirando a provinciano, poco conscientemente. Lo de "Mar adentro" de hace un par de años puso sobre el tapete, para quien no la hubiera descubierto aún, la ridiculez del asunto. Pero hete aquí que este año ha habido algo digno de mención, aunque sea poca. Las dos favoritas, "El orfanato" y "Las trece rosas", que prejuzgo exponentes del cine más comercial, hecho a imagen y semejanza de productos americanos académicos sin ideas, pero valoradas por ser "de aquí", "buen cine" y no "esa mierda yanqui", siendo en esencia esa misma mierda pero encima queriendo mirarla por encima del hombro; esas dos favoritas, decía, se han visto vencidas en los dos premios más importantes, peli y director, por "La soledad". Que es, sin que sirva de precedente, la peli más interesante (no necesariamente la mejor, esa sería "[REC]") de las aquí hechas el año pasado. Y esto, además, llega en un momento en el que los bajos fondos, perdón, foros, reivindican una especie de "nueva ola" del cine español, influenciada por el cine asiático festivalero, Bresson, etc., con mejores o peores resultados pero con al menos un afán de intentar algo diferente. ¿Habrá sido el premiar a "La soledad" una extensión de estas sensaciones, de que realmente algo se mueve y hay que motivarlo? ¿O habrá sido una reacción de los miembros de la Academia contra ellos mismos, avergonzados al fin? ¿O sólo han votado lo que creían que les haría parecer más molones, vistas las reacciones progresivamente peores y más críticas, después de arranques positivos, que han despertado las dos favoritas, como si se hubiera descubierto ahora por más gente que, efectivamente, no eran las maravillas de cine europeo que todos vendían sino nada más que pelis comerciales? ¿O simplemente es que no querían que ganara una de terror, ¡qué vergüenza!, u otra de la guerra civil, ésta por los motivos que fuera? ¡Los fotogrameros se habrán quedado con un palmo de narices! Sea por lo que sea, la prensa, claro, no se ha enterado de nada, intentan hablar de ello desde los convencionalismos más cómodos que ya conocen, y dicen de "La soledad" que es una peli "sencilla, que habla de emociones, de la historia de cinco mujeres". En realidad, es un experimento formal relativamente radical, austero y frío, quizá no tan perfecto como se pretende, pero aplaudible. Y es que es el único premio reseñable de los últimos años, más por humillación de otra cosa que por reconocimiento merecido; otro sería el de "El viaje de Chihiro" en Berlín, un hito que dejó con el culo al aire a los críticos españoles mayoritarios, como merecían, que quedaron en evidencia por no haber ido a ver "una de dibujitos"; y también destacable el premio, tal vez más político que otra cosa, al mucho más maldito de lo que podría parecer Brian De Palma en Venecia por "Redacted". Pero los festivales son otro tema, porque allí elige un jurado pequeño, cada uno de su padre y de su madre, en el que suelen primar las opiniones personales más que el sentir mayoritario, sea de opinión propia o influencia de la del gremio, de los premios académicos.


Aprovecho y rescato las dos cositas que escribí de "La soledad":
Aunque emocionalmente fría, salvo el final, y algo reiterativa, su uso y descripción del tiempo y, sobre todo, del espacio, gracias a las pantallas partidas, son un regalo para los que gustamos de experimentos formales. Original, y hasta necesaria en este país.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

All the rage (have a nice life, CD)

Hasta hace pocos meses, yo era un defensor firme del CD; o, digamos, del disco en soporte físico en general. El mp3 es un invento definitivo, un enviado del paraíso, pero con él llega el problema de la sobreinformación. Podemos descargar, y de hecho descargamos, mucha más música de la que podemos humanamente asimilar, o siquiera escuchar. Gracias al mp3 todos hemos hecho descubrimientos fundamentales para nuestra vida, imposibles por otros accesos; y a pesar de este desbordamiento de oferta, los discos/canciones que tienen que convertirse en importantes para uno, se hacen hueco. Pero, aun con todas estas ventajas, yo seguía defendiendo el CD por dos razones. La primera, la calidad de sonido: es cierto que de 192k para arriba es prácticamente igual, pero cuando uno acostumbra el oído (o se enfrenta a malos ripeos) se notan las diferencias. La segunda, y más importante, es que al centrarse uno en el CD se limita la música disponible: el dinero está justito y con él sólo se pueden comprar una determinada cantidad de CDs. Y así se pueden exprimir mucho más, más cerca del "como en los viejos tiempos" de aquellas cinco cintas que teníamos grabadas en el instituto de las que conocíamos cada error, que del horror vacui al que nos somete la infinitud del mp3.


Ya entonces, a pesar de tener esta posición teórica, en la práctica me dividía entre los dos formatos. En el fondo, ni se escuchan hasta la extenuación todos los CDs comprados, ni todos los mp3 que bajamos suenan de ambiente una sola vez sin que les prestemos atención porque ¡no hay tiempo, hay demasiado para escuchar! Pero todas mis dudas se disiparon cuando hace unos meses me decidí a comprar un mp3. Ya tenía un discman que lo leía, pero ni de lejos es lo mismo. Las semanas avanzaban y cada vez me parecían más inútiles los CDs, engorrosos. El punto de inflexión definitivo llega cuando empiezo a pasar a mp3 los discos originales. Y en estos momentos veo innecesario, salvo que sólo tengas posibilidad de escuchar en ese formato (en el coche, por ejemplo), el CD en general y comprar discos originales en particular. Claro, con esto doy la razón a los activistas (?) antipiratería. ¡Internet lleva a la debacle de la industria! ¡Mentira! O mejor: ¡verdad! Al fin de una industria rancia y abusona, incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos como sí hacen los sellos pequeños, o ya los grupos independientes de todo, que proliferan junto a las salas de conciertos llevando la música, entendida como medio de expresión y no como negocio, a unas cimas envidiables. ¿Que los nuevos artistas lo tendrán difícil para vivir de esto? Claro, pero ¿no lo tenían antes? La situación económica será parecida para ellos, sólo que el dinero ahora les vendrá de los conciertos, directamente, y no de pequeños porcentajes de la venta de sus discos, gestionada por las discográficas. Y, aunque fuera cierto que nadie pudiera ganarse ya la vida con esto, ¿acaso no es mucho mejor la posibilidad de que cualquiera, gracias también a los estudios caseros, pueda grabar y transmitir sus ideas a quien tenga los santos cojones de escucharlas? Eso es la democratización de la creación. El hecho de que los grupos/artistas no pudieran tener plena dedicación por no poder hacer el suficiente dinero para vivir de su música no sería tan grave; primero porque la mayoría de los grupos dan lo mejor de su talento al principio de su carrera y luego se acomodan o dan tumbos; y, aun así, quien sintiera la necesidad podría seguir haciendo música durante tantos años como le saliera del papo o tuviera un ordenador.


Todo este rollo venía para promocionar una playlist de mp3 que me he montado, y que supone un cambio porque es la primera vez que hago un mixCD en un formato diferente al CD, que no se graba físicamente en ninguna parte para hacer constancia. Un cambio tan grande como cuando abandoné el cassette para tal menester. La playlist en cuestión, primera de su raza en mi casa, es "All the rage", 46:42 minutos de música de sábado por la mañana, de canciones dinámicas y juguetonas, voces entremezcladas de chicos y chicas, palmas (el mejor instrumento) y variaciones más o menos duras sobre el tema del indie-pop en general, en las cercanías del twee-pop y en algún tema en los límite del noise-rock, siempre con espíritu libre. Todo para gente sin prejuicios, claro. Se puede bajar aquí, y como muestra representativa de lo que se puede encontrar os dejo el vídeo de la primera canción, que todo el mundo entre 20 y 30 años tendría que ver por su concentración de intereses para tales edades, desde mozas y mozos bien parecidos a pinturas, colorines o mutilaciones de broma:



Y el tracklist (insisto, puede bajarse aquí, son 63MB a 192k):

1. The Royal We - All The Rage (2:58)
2. Tilly And The Wall - Fell Down The Stairs (2:18)
3. The Grates - Science Is Golden (2:57)
4. The Monsoon Bassoon - The Very Best of Badluck '97 (3:26)
5. Cornelius - I Hate Hate (1:42)
6. Eugene McGuinness - Monsters Under The Bed (2:14)
7. The Fiery Furnaces - Here Comes The Summer (3:30)
8. Palomar - Up! (3:25)
9. Mates Of State - A Duel Will Settle This (3:41)
10. The Boy Least Likely To - Be Gentle With Me (3:46)
11. Suburban Kids With Biblical Names - Rent A Wreck (2:54)
12. Bunnygrunt - Party Boy (1:08)
13. Enon - Natural Disasters (2:47)
14. Babyshambles - Fuck Forever (4:37)
15. Rilo Kiley - Wires And Waves (3:18)
16. Zombina & The Skeletones - Braindead (2:01)

domingo, 24 de diciembre de 2006

Del porqué del éxito de Papá Noel

Es más que evidente que Papá Noel está, en los últimos años, desbancando en España a los Reyes Magos como proveedor; y como icono navideño absoluto ya sobrepasa a todo lo demás. Las razones no se encuentran en el colonialismo cultural americano que hace echar espumarajos a tantas personas; o, al menos, no sólo ahí. Los motivos por los que el rojo borracho triunfa son dos:

I. Como icono: En nuestra época, la imagen de marca lo es todo, siendo incluso más importante que el producto que se ofrece. Atrae lo sencillo y directo, lo inequívoco. Los Reyes Magos tienen una estética rancia, recargada y variable. Es demasiado complicado reproducirlos a mano en un christmas para una prima, y sus colores se funden y confunden con el mobiliario amarronado franquista que todavía domina la casa española media. En cambio, Papá Noel es un tipo reconocible y siempre idéntico. Un solo color, que además es el llamativo rojo. Un gorro carismático y comercializable por cualquier todo a cien, que hasta un jefe etilizado puede ponerse en una cena laboral. Una barba y una tripa mucho más fáciles de imitar que los complejos y aburridos vestidos orientales de los Reyes. Con cuatro trazos, cualquier niño de guardería puede dibujarlo y provocar la caída de baba de los mayores. La barriga colosal ofrece una calidez contra el frío con la que ninguno de los esqueléticos Reyes Magos del tercer mundo puede competir. El personaje es un viejo bonachón que evoca al icono familiar de la Navidad: el abuelo. Mientras, los tres Magos sólo traen a la mente a un consumidor de opio de Vallecas '87. Como colofón, Papá Noel tiene su frase: ho, ho, ho. ¿Dadaísmo oculto o subnormalidad? Las dos cosas gustan, atraen y aparcan el pensamiento. Cualquiera puede reconocer y reproducir todas esas señas de identidad.

II. Como proveedor: Esto es tan obvio que cualquiera de nosotros se lo planteaba cada Navidad desde bien crío. ¿Por qué coño me dan los regalos los Reyes el día antes de ir al colegio? Cuando llegue el fin de semana y tengamos tiempo para disfrutarlos, ya habremos oído hablar de algún regalo mucho mejor que el nuestro y, entonces, una frustración adolescente adelantada y un odio inconsciente hacia los padres, por haber permitido tal tacañería, nos habrá quitado todas las ganas de jugar con ellos. En cambio, si los trae el lapón de alcohólicos anónimos tenemos dos semanas completas para exprimirlos. Que, científicamente comprobado, es el tiempo que tardamos en aburrirnos de los regalos.

(Sobre si "Santa Claus" desbancará a "Papá Noel" como nombre en España, no tengo respuestas, pero me dicen que el gran Bisbal ya lo ha usado incluso con la pronunciación americana; ya tiene la bendición del mainstream...)

jueves, 7 de diciembre de 2006

De los cánones culturales (y de cómo me sudan la polla)

No pasa un solo día sin que me cuestione la validez de los cánones estéticos, la autenticidad de la separación entre alta y baja cultura. ¿Por qué es mejor una que otra? Todavía no he encontrado un argumento convincente que me diga que la cultura auténtica es la compleja y genial, la académica. Concreto: sí que he encontrado esos argumentos, de forma poderosa, pero ninguno quita la sensación de que son arbitrarios, de que se hubiera podido elaborar una teoría estética igualmente firme defendiendo la cultura sencilla y eficaz.

La alta cultura sería la que se enseña en las universidades, la que el academicismo considera de genio indiscutible. La de los que parieron obras complejas, trabajadas y casi sobrehumanas. Capaces de mover la mente, llevar la razón a la estratosfera y, si hay suerte, también la emoción. ¿El problema? Evidente: que no son muchos los que la comprenden en profundidad y, quizá por haberle dedicado años de estudio, se ven incapaces de criticarla o, más bien, ponerla en perspectiva, de valorar y reinterpretar también otro tipo de cultura que no es la de verdad, la suya. "Para qué perder el tiempo con minucias". Pero, ¿por qué quitarle todo valor serio y respetable a otro tipo de obras que también son capaces no sólo de llevar a la emoción más profunda, sino incluso a la reflexión? ¿O de crear poesía? ¿Por qué es mejor un mismo pensamiento provocado por Shakespeare que provocado por "Star Trek", independientemente de su valía estética? Se puede hablar de la perdurabilidad: el clásico se mantiene durante siglos, mientras que la baja cultura durará con suerte unas décadas. Pero, ¿qué tiene que ver su duración en el tiempo con su efecto en el ser humano? Personalmente estoy muy a favor de las culturas del momento; no me refiero a las modas, sino a la inmensa capacidad de transmitir algo de una obra más o menos contemporánea al que la consume. Sin negar que la tragedia de "Romeo y Julieta" pueda hacernos llorar como posesos y elevarnos contemplando su maestría, ¿por qué cojones no se valora en "Mortal Zombie" ("Return of the living dead 3") la misma capacidad de hacer sentir una tragedia romántica más grande que la vida, en su contexto?

En la Estética se habla mucho del arte absoluto, de que el Arte mayusculizado puede no estar encaminado a provocar reacciones, emociones o reflexiones, sino que su valor está en sí mismo. El ejemplo más claro es el arte abstracto. Pero gran parte de la alta cultura también apela al corazón. Así, se toma en serio por un lado la intelectualidad pura; por otro, la mezcla de la razón y el corazón, siempre que esté enmarcada en una complejidad y un trabajo posible de crear por muy pocos. Pero NO se valoran las obras puramente físicas, las que van con sencillez y humildad disparando a nuestras capas superficiales, ni siquiera cuando las traspasan y van más allá, consiguiendo los mismos efectos que las obras de verdad. Generalmente, una razón por la que no se toman en serio es porque su capacidad de provocar esos efectos se va perdiendo con el paso del tiempo, y es sustituida por otro mecanismo nuevo que los provoca. Pero, ¿acaso no hizo su papel en su momento? No todas las obras similares lo consiguieron, así que hay que aceptar que no es tan fácil hacer su papel y que hay algunas especiales, que tienen méritos propios, aunque sean méritos basados sólo en su eficacia, y aunque se queden obsoletos y vayan siendo sustituidos por otros. Por estas limitaciones yo me cago en la perdurabilidad y el clasicismo. Necesario, sí; pero que ejerce una tiranía canónica que impide la consideración seria de otras opciones, por culpa de una élite relativamente escasa que tiene el poder y el prestigio para hacerlo cambiar, y que se niega a hacerlo porque sería rebajar el listón. O desatar el caos y el desorden cultural. ¿Por qué es mejor la perfección que la imperfección? De hecho, ¿no inspira la segunda a participar y a sentirse más vivo? En resumen, diré que estoy de acuerdo en que haya un arte puro como el de la pintura abstracta, me siento cómodo con los dos polos del tema; pero estoy radicalmente en contra de que no se consideren dignas de respeto y reconocimiento obras supuestamente menores, pero igualmente capaces que la alta cultura de provocar reacciones, emociones y reflexiones. Las mismas y de la misma intensidad. ¿No son también grandes productos de la humanidad de su época la demencia canalla y salvaje, desatada, de "La matanza de Texas 2", o la de "Las once mil vergas" de Apollinaire? ¿No hay un gran hálito épico en "Los renegados del diablo" al igual que en la "Ilíada"? No niego la importancia de los cánones como guía de entrada pero, una vez asimilados, el verdadero valor está en los cánones de cada uno, siendo además reconfortante comprobar que a veces se comparten con alguien.

[Por supuesto, esto no es más que un apasionado puñado de ideas casi aleatorias sobre un tema que me obsesiona, un puñado muy incompleto, algo disperso y puede que contradictorio, que habrá cumplido su función si una frase ha hecho pensar en algo que no había pensado antes a una persona, facilitando el camino hasta sus propias conclusiones. Porque, en el fondo, siendo consciente de la importancia de todos los tipos de arte para las sociedades; en el fondo, esto no es más que una apología de la subjetividad y una rabieta contra el academicismo.]

sábado, 17 de junio de 2006

Minicríticas

Si hay alguna razón para que actualice tan poquito últimamente es sobre todo, aparte de por pereza, porque no sé para qué puede servir una crítica, para qué escribirla. Que para alguien que escribe sobre, bueno, arte, es como para cualquier ser humano preguntarse acerca del sentido de la vida. La duda me viene porque llevo algún tiempo leyendo sobre el tema y, pensando mucho sobre ello, he llegado a la conclusión de que, al menos tal y como yo lo quiero hacer, la crítica de cine tiene una doble utilidad. Primero, tratar de convencer o descubrir al espectador incrédulo o prejuicioso, o a cualquiera con curiosidad, de que tal peli merece la pena ser vista (o no), y bajo qué perspectiva puede ser apreciada. No hacerlo por creer que tengo razón en mi opinión, este no es un blog ególatra; sino porque creo que puedo ayudar a una peli a ser valorada como creo que merece. Y en el caso de mi blog en particular, principalmente textos sobre pelis de las que hay poca o ninguna información en castellano. La segunda utilidad de una crítica sería aportar nuevos puntos de vista para quien ya haya visto la película, hacer notar aspectos que se pueden haber pasado por alto o proponer otra forma de interpretarlos. Y eso es todo, por el bien del cine. Hay tantas obras a descubrir, redescubrir, reivindicar, o simplemente sobre las que decir algo...

Tengo muchísima necesidad de escribir, pero a menudo impone el tener que sentarse delante del ordenador a soltar las parrafadas que suelo soltar, y el cansancio del calor y la vida urbana no ayudan. Así que he decidido, para volver a tener un ritmo más constante de actualización y para saciar sedes cinéfagas (mías y de quien me lea), hacer textos más cortos. Intentando no perder la profundidad (o no) que tengan los textos más largos que suelo poner; y nunca está de más desarrollar la capacidad de síntesis, aunque se pueda interpretar como una concesión al medio (en parte lo es y es necesaria, internet se presta más a la información rápida). Para volver a actualizar la mayoría de días, las críticas serán más comprimidas, lo que significa un párrafo en lugar de cuatro, una foto en lugar de cinco, etc. Lo que no significa: la ausencia permanente de tochos rolleros ni, espero, mayor superficialidad. Puede que no sea la mejor opción y se pierdan ideas por el camino, pero ahora mismo es esto o nada. Y, por supuesto, si tiene que caer algún tocho, caerá.

jueves, 20 de abril de 2006

Contra el término "gafapasta" (con retórica de autoayuda)

¿Por qué se detesta el término friki pero se usa el de gafapasta? ¿Por qué es tan malo considerar a alguien gafapasta? Primero, ¿qué se entiende por gafapasta? Además de una palabra horrible, se supone que es alguien que disfruta con el cine de autor, que es pedante y pretencioso y con cierto complejo de superioridad, que se empeña en buscar significados trascendentes en, principalmente, el cine. ¿Y por qué es esto tan horrible? Por ese complejo de superioridad, que da bastante asco; esa gente existe, claro. Y no voy a defender aquí a quien sólo tiene esa actitud hacia las cosas.

Pero al despreciar a alguien como gafapasta, se desprecia también una forma de ver las cosas. Hay una especie de miedo y odio a la seriedad, un afán de quedarse siempre en la superficie de todo y en la frivolidad. El problema no está en la frivolidad, sino en el siempre. Porque la diversión y el disfrute de las cosas como vienen es una de las mejores formas de entender la vida; el problema es cuando es la única, cuando implica que uno no puede ser serio. Y la superficialidad permanente puede llevar un problema de vacuidad; yo pasé por eso en mis últimos años de adolescente, sentía que nada tenía una base ni un sentido, que todo se podía derrumbar, porque me era imposible tomar nada en serio. No hay que olvidar que las ideas, el arte, la humanidad (perdón por el tremendismo) han avanzado cuando alguien ha pensado y ha decidido profundizar en algo.

Entonces, lo malo del gafapastismo es que quien cree en ese término tiene prejuicios y cierra horizontes. Y por eso las etiquetas son tan peligrosas: son formas arbitrarias de limitarnos a campos en los que sabemos que nos podemos manejar, que nos impiden intentar cosas nuevas o disfrutar con algo diferente o de forma diferente. Desde este blog es evidente que yo abogo por un eclecticismo radical: puedo hablar igual de una peli de exploitation, del cine de autor más personal, o del mainstream más garrulo. O de música punk, pop inocente, electrónica, metal, cualquier cosa. Todo se puede disfrutar en su momento, sin más distinción que saber lo que pretende cada forma de expresión, ya sea provocar ideas, ponerla dura o divertirse como un niño. La clave para un disfrute completo está en mezclarlo un poco todo, sin considerar a una cosa mejor que la otra.

Ya sé que exagero un poco, y que normalmente se usa lo de gafapasta o friki con sano cachondeo, pero eso no evita los prejuicios que causan y el efecto que tienen en la forma de ver y entender el mundo. Que no hay que inventarse fronteras, joder, que hay que ser más inclusivo que exclusivo, que hay que darle a todo para convertirse en una persona completa.

miércoles, 5 de abril de 2006

De la música violenta y su falta de prestigio

Todas las disciplinas artísticas tienen su oveja negra en un periodo de tiempo determinado; a veces la historia juzga esos casos para ponerlos en el sitio que merecen, a veces no. En el caso del cine, sería por ejemplo el fantástico; en la literatura, la ciencia-ficción. Son géneros que, a pesar de contar con una apasionada (y argumentada) base de fans, no son tomados al mismo nivel que lo bueno por la crítica seria. En el caso de la música, hay un bache en el cerebro del crítico que le impide considerar a la música violenta como música de verdad. Pueden valorar la inmediatez de un buen estribillo pop; la energía de 2 minutos de punk-rock con garra; o, ya en el terreno de la adrenalina, la capacidad de hacer mover el esqueleto de la música de baile. Yo soy radicalmente ecléctico y puedo disfrutar cualquiera de estas cosas. Pienso que, del mismo modo que hay estados de ánimo variados por los que todos pasamos, ¿por qué negarse a un tipo determinado de música que puede venir bien en según qué momentos? ¿O por sí misma?


Me estoy refiriendo sobre todo al metal y aledaños; no soy un metalero, pero nunca he entendido qué es lo que hace que, por ejemplo, Belle&Sebastian (pop sencillo y muy efectivo, aunque poco original) esté a un nivel de prestigio diferente que Strapping Young Lad (metal histérico, agresivo y creativo). Nunca he entendido por qué los primeros merecen respeto crítico y los segundos indiferencia en el mejor de los casos, cuando ambos pueden tener logros artísticos parecidos en campos muy diferentes. Hay un canon de "lo que sí es" muy restringido y, esta es la clave frente a la que no caben argumentos, aleatorio. El problema es que se juzga todo desde un mismo prisma, sin tener en cuenta que las intenciones de unos y otros son opuestas pero igualmente válidas. Puede llenar lo mismo la melodía de "If you're feeling sinister" de Belle&Sebastian que el infierno sónico de "Oh my fucking God" de Strapping Young Lad. La primera es disfrutable en una tarde tranquila, tumbado en la cama con pocas preocupaciones; la segunda, tiene un impacto físico muy fuerte que genera un arrebato de agresividad interna y que dispara la adrenalina. Quizá la diferencia esté en que la música violenta es más inmediata, provoca emociones más intensas y fuertes que otros tipos de música, pero que puede que no permanezcan; o al menos así se podría entender desde el canon crítico establecido. También hay que tener en cuenta la superficialidad de gran parte de la crítica musical, y los grupos de música violenta, en general de dudoso gusto estético, no suelen preocuparse por sus pintas; y, si lo hacen, no es precisamente en el camino de lo cool. Excepto en los nuevos grupos de emo-metal/metal-hardcore, los músicos de metal parecen apestar y tener pipis en el pelo. Y eso hay quien no lo puede perdonar.


A veces es difícil defender la música violenta; sobre todo como herencia mal entendida del grunge, muchos grupos escriben letras hediondas y autocomplacientes sobre su depresión, su oscuridad, su basura interior. Lo que no tiene nada de malo en sí mismo, a no ser que tenga la misma profundidad lírica que el diario de un adolescente atormentado y con una cuarta parte de su autenticidad. Como es demasiado a menudo el caso. Pero, si no son demasiado vergonzosas, y además por suerte un vocalista violento no está tan preocupado por lo que dice sino por cómo lo dice y no se le entiende mucho, uno se puede saltar las letras porque el impacto viene directamente de las guitarras, de las baterías, de la voz al límite. En los últimos tiempos se están empezando a mover corrientes críticas que consideran la música violenta, por fin, música de verdad (estoy hablando siempre dentro de la música popular). Por ejemplo, en las listas anuales o históricas del muy moderno y pop RockDeLux se cuela de vez en cuando algún disco extremo (Converge, Today Is The Day, Unsane, Slayer...), aunque de momento sólo hablan de uno o dos grupos para hacerse los duros porque se lleva, y no porque realmente defiendan esa música. Pero es un comienzo. Y, aunque no tendría que necesitarse el reconocimiento crítico de algo para fijarse en ello o considerarlo seriamente, por desgracia sí es necesario para mucha gente. Y por eso, mientras no cambien las mentalidades seguidistas de "hagamos caso a éste que sabe", es importante que la música violenta sea puesta a la altura de otras, y así muchas personas que todavía no se atreven podrán descubrirla y disfrutarla sin complejos.

jueves, 30 de junio de 2005

King Kong (prejuicios sobre los efectos especiales)

De cómo el señor Jackson tiró sus principios por tierra

Vamos hombre, no me jodas. Eso exactamente es lo que he tenido que exclamar después de ver las primeras imágenes en movimiento del "King Kong" de Peter Jackson. Porque son una puta mierda, como prácticamente todas las imágenes de pelis con seres vivos creados por ordenador. Esto duele especialmente viniendo de quien viene, porque Peter Jackson ha demostrado desde siempre un buen (mal) gusto por los efectos artesanales, por hacer las cosas caseramente. Que así, aunque a veces no quede del todo bien, siempre será más realista que un dibujo animado metido en una peli supuestamente real, porque los efectos clásicos tienen la virtud de ser físicos, de existir realmente, sabes que podrían atizarte o destruir una ciudad si quisieran. Porque tienen volumen. Por ejemplo, es imposible sentir a Hulk como una amenaza en su peli, porque es obvio que es un simple dibujo animado; y esto es terrible porque dudo que las intenciones de alguien que mete a laMasa en una peli sean similares a las de "Levando anclas". Hubiera preferido, siguiendo con el ejemplo, a un tipo mazas pintado de verde, que al menos sé que podría darme una paliza de muerte y romper una papelera si se le cruzaran los cables.

Y Peter Jackson no se ha dado cuenta. Recuerdo cuando estrenaron su primera peli hollywoodiense (que no lo era exactamente), "The frighteners" (aquí retitulada como "Agárrame esos fantasmas", ejem). Ahí ya hacía uso de efectos por ordenador, pero de forma más lógica; joder, esos espectros volátiles podían, es más, debían ser representados así. Son incorpóreos y no hay problema en que no parezcan reales, porque no lo son. Daban miedo y parecían de otro mundo, que es lo que se buscaba. Luego llegó la locura con "El señor de los anillos" donde, para gusto de sus seguidores, siguió manteniendo ese espíritu artesanal en gran parte, siendo la mayoría de las criaturas que podíamos ver gente disfrazada que daba miedo y apestaba. Jackson debió darse cuenta de que algo fallaba con los ordenadores recreando seres vivos en escenas como la de la huida de Moria, con un Gandalf visto desde un plano aéreo que era un dibujo animado de "Dragones y mazmorras"; no notó nada raro. Además, tuvo la suerte de contar con el único personaje hasta el momento hecho por ordenador que apenas cantaba su origen: Gollum, claro. Y todo el mundo le alababa diciendo la gran creación que era. Y ahora hace "King Kong" subido en esa parra de los efectos por ordenador y le sale una puta mierda. Porque, no me jodas, los efectos de "Parque Jurásico", de hace ¡12 años!, son insuperables todavía hoy, y por una razón básica: porque no dependían del ordenador, sino que la base eran unas criaturas físicas, unos robots con volumen real que eran alternados sutilmente con los de las maquinitas cuando estaban limitados. No niego que haya cosas que no puedan hacerse si no es con ordenador; pero si la tecnología aún no es suficiente, que simplemente no lo hagan. O que lo intenten combinar como en "Jurassic Park" con los Animatronics.

Una vez más, no niego la utilidad de usar el ordenador para efectos especiales. Es terriblemente eficaz para crear mundos, ambientaciones, retocar imágenes, paisajes, etc. Pero para crear seres vivos es una puta mierda.

Me jode especialmente en el caso de "King Kong" porque no dudo que Jackson hará una peli estupenda, porque este hombre tiene un talento natural para el cine y la narrativa; sus pelis siempre transmiten algo, no dejan frío, están hechas con las entrañas. Y estos efectos de mierda se la van a cargar. Con el dinero que le habrán dado para hacer la peli, ¿no podría haber construido monigotes? Y si no, ¿para qué perder el tiempo haciendo algo de apariencia ridícula? Seguro que tiene otras muchas ideas aparte de un remake inviable de la forma en que lo ha planteado. Porque es evidente que, si ya hoy día la mayoría de estos efectos por ordenador nos hacen saltar los colores de vergüenza ajena, dentro de unos años serán vistos de la misma forma que vemos nosotros ahora la mayoría de los efectos de los años 50, como algo cutre, kitsch como mucho. Los de todas las pelis menos los de "Jurassic Park", claro.

Si alguien quiere ver el trailer y rebotarse un poco, está aquí.