viernes, 28 de septiembre de 2007

La Mejor Canción De Todos Los Tiempos (3): "Pansy Twist", Huggy Bear

Del disco: "Taking The Rough With The Smooch" (1993)
Se puede bajar aquí

Pues resulta que el mejor grupo de aquello que se dio en llamar riot grrrl a principios de los 90 salió de Inglaterra. Y además las tareas compositivas y ejecutoras se las repartían por igual chicos y chicas. Tan furiosos como Bikini Kill, y con el afán experimental de los Sonic Youth de los 80 aplicado a la brevedad y el arrebato, Huggy Bear son, por decirlo claramente, un grupo de la hostia. Tuvieron unos valores inamovibles, llegando a retar a una discográfica a que echaran a Suede si querían ficharles a ellos, negándose a dar sus nombres completos o hacer fotos promocionales; una actitud insobornable y envidiable. "Pansy Twist" es una canción de temática gayer (más o menos) que canta el chico. Empieza con un impulso punk garrulaco puramente riot grrrl; deriva después en un pequeño intermedio casi blues de instrumento toca-voz responde; sigue con un riff de guitarra que podría haber sido robado de las sesiones del "EVOL" de Sonic Youth. Sigue así hasta el final, subiendo en intensidad, con el tipo repitiendo una misma frase cada vez más loco, para acabar a grito pelado incluso después de que hayan terminado de tocar la guitarra y haya desaparecido la distorsión. El disco dura poco más de 20 minutos, y hay sitio de sobra para más rabia, experimentos, desquicie sexual y de género, y hasta spoken word.

my boyfriend... teen angel
my boyfriend... irresponsible

my boyfriend... he is venereal

my boyfriend... violates his parole


it's not you
it's not you
it's not true...

not
sitting here forever sore in your room
bloodthirsty 45's play out of tune

i didn't want to be first to disapprove
i didn't want to be first to disapprove
but the taste in my mouth's grown tired of you

but the taste in my mouth's grown tired of you
i didn't want to be first to disapprove
but the taste in my mouth's grown tired


my heart over reaches
it swells it falls

it's not sad just recognizing this mood as construct


does it make you more a kid if you wanna off a pig...

make you more a pig if you wanna off a kid...
that's all i want

jueves, 27 de septiembre de 2007

LA JUNGLA 4.0

Si "La jungla 4" llega tarde no es porque hayan pasado 12 años desde la anterior. Es porque es una peli de acción que parece hecha en el 2002-2003: ecos del 11-S, trama informática, letales asesinas orientales y secuaces acróbatas, colores metálicos, frikis como personajes secundarios humorísticos (¿Kevin Smith no había muerto después de "Persiguiendo a Amy"?)... Está pasada de moda, huele a rancia, a MTV caducada, no tiene alma y ni siquiera funciona. Se le perdona por las secuencias del túnel y del avión, en las que se siente el verdadero poder de los malos, que juegan con el mundo como si fuera una partida de ajedrez. Porque ahí lo importante y claro no es sólo lo que pasa, o simplemente que algo pasa, sino cómo pasa. Y porque son efectivas y disparan -sin pasarse- la adrenalina. No quiero hacer comparaciones con el apasionante chute en vena que fue "Misión: Imposible III" el año pasado...

miércoles, 26 de septiembre de 2007

In my nite life I don't think twice

Vaya alegría me llevé ayer. Encontré sepultado en las catacumbas de mi ordenador un vídeo que hice el año pasado y creía perdido. No tiene más historia que unas grabaciones aleatorias que hice con la cámara de fotos a mis amigos, de camino a la fiesta nocturna. Grabaciones que luego decidí juntar con cierto ritmo al son del "Nite life" de Adult, un hit potencial del electropop; o electroclash, como dio en llamarse hace dos o tres años. Jóvenes alérgicos a las duchas corretean con sus bicis por el Alicante farolero, acompañados de bellas damas porteadoras de etílico elixir.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Invitación a desperdiciar media hora

"Tango" es un corto de Zbigniew Rybczynski (he copiapegado el nombre), responsable entre otras cosas de uno de los trabajos de cámara más originales vistos en el cine en la legendaria, con razón, peli austriaca "Angst". Es un plano fijo de una habitación, y a un niño de bordes extraños se le cuela una pelota dentro. Nada más salir por la ventana después de recogerla, se vuelve a colar, y entonces empieza el pitote. Poco a poco, con un tango de fondo, la estancia se va llenando de gente recortada y manipulada que entra, hace lo suyo (comer, vestirse, hacer el pino sobre una silla...), y sale, sólo para volver a entrar y repetir. Y nunca tropiezan, nunca se advierten. Son como fantasmas que ocupan una misma dimensión, pero viviendo cada uno en la suya. Así hasta llenar por completo el espacio, un bolero de Ravel hecho imagen.

“A Légy” son 3 minutos en el mundo de una mosca, visto desde su perspectiva. Una sencilla y espectacular animación, hecha a lápiz, nos lleva de un sitio a otro de sus vuelos, sus ansiedades, y poco más. Poco más tiene una mosca. Bueno, el zumbido persistente nos informa de su estado de ánimo. El corto es mucho.


"Chromophobia" es un invento de un jipi belga animador de los 60, Raoul Servais. Ejerce de tal y nos enseña un mundo rebosante de colores y felicidad, con niños, mariposas y tal, al que llegan unas tropas malencaradas para convertirlo todo en blanco y negro. El mensaje es demasiado obvio y en algunos momentos cursi y pasado de moda, pero la inventiva es tanta que se le perdona.


“Phantom”, una de las obras experimentales de Toshio Matsumoto. Sale una japonesa con colores aparentemente petados con el Photoshop de 1975. Luego un rato la orilla del mar pasada por filtros cromáticos, con la imagen acelerada ochocientas veces, y empieza el trance. Ahora sale un tipo en gallumbos en medio del campo sobre una alfombra; le enfocan dos cámaras, se alternan los planos estáticos de una y de otra a un ritmo constante, mientras el buen hombre hace ejercicios y se coloca en posturas curiosas, con la cara muy seria. Anda, qué susto, la japonesa otra vez. Ya la quitan. ¿Un ojo en el cielo? Eso es, un ojo real muy abierto observa desde el cielo una serie de postalitas urbanas rodadas con belleza suprema. Lo que se dice poesía sin versos. Llega lo que no puede faltar en una cinta experimental de los 70: los desnudos de tus amigos a los que has engañado con la excusa del arte. Un hombre y una mujer en cueros dan vueltas alrededor de una estatua antigua, que se pone a parpadear en diferentes y chillones colores cada vez que no están en contacto con ella por delante. Magia. Para despedirse aparece la ya familiar japonesa, con el plano terminando en la raya vaginal de su peinado, en la que no puedo parar de pensar. Drogas para qué.

De propina: “The Sewing Circle”, un entrañable corto de Richard Kern en el que vemos a una muchacha prestarse voluntaria para que le cosan en directo lo que viene siendo el chumino. La chica se queda satisfecha al final, y en el bonus track las tres participantes nos enseñan su DNI por si queremos emprender acciones legales. Cine 5 estrellas para toda la familia.

[“Tango” se puede ver aquí; para los demás os buscáis la vida, que ya sois mayorcitos...]

domingo, 8 de julio de 2007

WRESTLEMANIAC

WrestleManiac (2006)
Dir.: Jesse Baget
USA



Hay una leyenda mexicana sobre el poblado abandonado La Sangre De Dios. Se dice que El Mascarado, el mejor luchador de todos los tiempos, fue desterrado allí después de arrancarle los ojos a otro (o alguna barbaridad parecida). Otra parte de la leyenda cuenta que El Mascarado apareció de la nada durante las Olimpiadas en México, casualmente al mismo tiempo que desaparecieron otros tres grandes luchadores; una teoría conspiratoria señala al presidente de aquel entonces como responsable de algún oscuro experimento para asegurar la grandeza de su lucha libre. Hoy, unos jóvenes descastados van al país a rodar un pornete, se pierden, y llegan a La Sangre De Dios, donde deciden quedarse a rodar, enamorados de la atmósfera polvorienta del sitio.



El slasher apesta, es un subgénero podrido que se dedica a explotar con poca vergüenza y menos imaginación tres películas: "La matanza de Texas", "Halloween" y "Viernes 13". "WrestleManiac" tira de matanza, repitiendo paso por paso, sin una sola sorpresa, el esquema. El guión responde a las expectativas, con sus diálogos lamentables, sus estereotipos y un elemento que distinga a su peli de las demás, en este caso la lucha mexicana. Pero lo que de verdad diferencia a "WrestleManiac", y la pone en el campo de lo aceptable y hasta recomendable, es que el hombre tras la cámara sabe dirigir, se sobrepone a todas las limitaciones del presupuesto sacando todo el jugo a sus escenarios llenos de óxido y tierra, monta una peli de poco más 70 minutos para que el aburrimiento no tenga sitio y se saca un puñado de planos la mar de salados (me hinché a hacer capturas). Por eso, no me sorprendería que el Jesse Baget diera el salto a un mainstream al que aquí deja en evidencia; "WrestleManiac" acaba de salir en DVD y ya deben estar rifándose al muchacho. Que deje a otros el trabajo de continuar la saga, destinada al infierno de las directas-a-vídeo, del luchador maldito interpretado por un Rey Misterio Sr. de buen año y con sed de sangre, un implacable asesino cuyo único punto débil es seguir las reglas de la lucha libre. Si no, pase lo que pase, siempre nos quedará este glorioso plano (ruego informen si habían visto antes alguno parecido) destinado a convertirse en icónico:

Sabían lo que tenían entre manos y se regodean en la imagen.

viernes, 6 de julio de 2007

28 SEMANAS DESPUÉS

28 Weeks Later (2007)
Dir.: Juan Carlos Fresnadillo
Reino Unido / España



[HAY SPOILERS]


La sombra de Michael Bay es alargada. Un tipo completamente inepto que ha cambiado la forma de rodar (es un decir) las escenas de acción. No él a solas, pero sí como miembro destacado y principal de la epilepsia cinematográfica. "28 semanas después" podría ser perfectamente lo que le saldría al señor (es un decir) Bay si se pusiera a trastear con el cine de terror. La tan alabada secuencia inicial es prometedora y tensa, hasta que estalla la acción. Entonces se descubre el percal y todas las expectativas que se podrían tener se vienen abajo: es cine videoclipero. Entendedme, habiendo alabado a Tony Scott no puedo ni quiero ejercer ahora de paladín del clasicismo. La cámara histérica y el montaje a base de tres indistinguibles planos por segundo puede ser eficaz usado apropiadamente, como en el final del remake/reinterpretación de "Dawn of the dead". Pero convertirlo en el único recurso posible para filmar todo movimiento es apelar al efectismo fisiológico más barato y facilón. Lo que hace Fresnadillo no tiene ningún mérito: coge una cámara y le da veinte bandazos, mete gritos a todo volumen y peta los filtros del Photoshop. Al principio se puede captar por intuición, pero el espectador queda rápidamente agotado y desconecta. No sólo queda fuera de toda situación espacial, sino que tiene que inventar por sí mismo lo que está pasando en pantalla. ¿Pero ese monstruo no estaba fuera de la ventana? ¡Vaya, creía que a ese personaje lo habían matado ya dos veces! ¿Pero no estaban en este edificio? ¿Qué edificio, el de la isla? ¿Qué isla? ¡El gato se ha escapado! ¿Qué gato? ¡Mira el niño lo que acaba de hacer! ¡Que no, que era el soldado negro! Las únicas imágenes que se recuerdan después de lo que se ha visto son las que se han visto: Robert Carlyle saliendo de la casa corriendo a toda hostia perseguido por infectados desquiciados corriendo a toda hostia y media. ESO es lo que funciona, lo que supo hacer Danny Boyle en la primera parte. Es una pena si se piensa en lo que podría haber salido con una buena planificación, tanto en esta secuencia como en la de la sala en la que encierran a los supervivientes, o en aquella en la que disparan desde los edificios a los que corren. La acción es indistinguible, las escenas intercambiables. O a lo mejor es que me estoy haciendo viejo y, a pesar de mis esfuerzos, no puedo seguir el ritmo de los tiempos. No puedo olvidar cómo me sentí traicionado por Peter Jackson cuando usó este recurso en las escenas de acción de la primera parte (y, con diferencia, mejor) de su trilogía de los anillos.

La principal diferencia con Michael Bay está en el guión, que aquí se preocupa por los personajes y no mete chistes de y para niños de 5 años. Pero, aparte de esa intención humanista, el guión es muy tramposo y un poco tontorrón. Se me escapa por qué a ésta le ha tocado la suerte de ser alabada, y hasta considerada inteligente, por la crítica, la misma que ha liquidado tantas otras pelis por cuatro agujeros de guión. Sin que sirva de precedente (estoy a favor de la imperfección) voy a ponerme en plan quisquilloso y listillo y decir algunos momentos:
-Después de entrar al complejo militar, que hemos visto protegido por un gran perímetro (o intuido, porque de nuevo la situación espacial queda a la interpretación del espectador) y de fuertes medidas de seguridad, dos niños se escapan como si estuvieran huyendo de la ventana de su habitación. Se podría argumentar que se ha montado todo rápidamente y es normal que existan estos agujeros, pero no encaja con lo que hemos visto antes, estaría demasiado descompensado.
-El padre que visita al ser más importante sobre la Tierra sin ninguna vigilancia ni medida de seguridad.
-En el potencialmente excelente momento del sótano donde encierran a los supervivientes por su seguridad, resulta que hay una salida de emergencia que los conecta directamente con el mal del que los están protegiendo. Se me cae el alma al suelo pensando en lo que podría haber salido si el trabajo lo hubiera hecho un cámara de verdad y no un desahuciado de pruebas experimentales con anfetas.
-Armas químicas que se pueden evitar tapándose la cara con la camiseta. Ni eso hace falta, en realidad.
-Ya me callo que me estoy dando asco a mí mismo.

¿Un guión crítico con la política militar norteamericana? Vaya, juzgando sólo por la película juraría que era una apología incontestable del utilitarismo. Lo bueno es que es gracias a la comparación que se puede apreciar toda la grandeza de los conceptos de Romero. Y que no es tan fácil, ni mucho menos, que una película funcione como lo hacía el "Dawn of the dead" de Snyder, esa sí con uno de los mejores arranques de la historia del cine. Aunque pueda parecer lo contrario, "28 semanas después" no me ha disgustado. La historia tiene más giros sorprendentes de lo normal, y además sorprenden. Pero es que estoy frustrado porque se han malgastado todas sus posibilidades. Todo lo que me ha hecho sentir es cierta inquietud, y como respuesta puramente física. Las imágenes que se intuyen detrás de las avalanchas de planos, y las que se ven en los momentos de calma, son apropiadas y siniestras, y la atmósfera general está bastante lograda y tiene unidad, sin acercarse al estupendo uso que hizo Danny Boyle de la oscuridad y los espacios cerrados en la primera parte. Incluso la original forma de meter post-rock de aquella aquí se vuelve recurso reiterativo y sin criterio. Pero lo más importante: cualquier película que tenga un solo momento de levantarse y aplaudir, como aquí el del helicóptero-segador, merece respeto.

martes, 3 de julio de 2007

SORCERESS


Sorceress (1982)
Dir.: Jack Hill
USA / México



Siete años después de su increíble epic de gangxploitaition "Switchblade Sisters", Jack Hill pudo dirigir de nuevo gracias a Roger Corman, en la que es su última película hasta la fecha. Considerada en el mundo anglosajón una de las peores películas de la historia (no entienden nada), "Sorceress" es otro derroche de encanto de un director con espíritu infantil, un espíritu del que las tetas y la sangre son una manifestación. Sus pelis me hacen sentir un niño otra vez como las de pocos.


"Sorceress" es otra de las pelis que intentaron aprovechar el tirón de la fantasía de espada y brujería de "Conan". Sólo que en este caso no venía de Italia, sino de los USA; y con la participación estelar, no desdeñable, de México, donde se rodó casi todo. La historia tiene los elementos tradicionales del poblado arrasado por un brujo muy malo, los infantes con destino cósmico, la sed de venganza contra el asesino de los padres, las criaturas variopintas, el guerrero, el mago bueno... todo de saldo. Es importante decir que, además de a la fantasía, "Sorceress" pertenece también al subgénero de los gemelos (que dio al menos otra obra maestra en los 80: "Los bárbaros"), en este caso dos gemelas, tal vez ex-conejitas. El argumento da pie a un subtexto sobre la identidad de género, pues ellas no saben que son chicas, y desconocen la diferencia entre sexos; esto propicia además que desconozcan el pudor y se desteten a las primeras de cambio. Su primera aparición adulta tiene lugar en un lago en el que se bañan bien fresquitas. A la orilla llega una de las estrellas de la peli: Pando, un sátiro que se comunica mediante balidos de oveja y que sospecho que es un adelanto del próximo vídeo de Aphex Twin. Ellas nunca han visto un manubrio, por lo que confunden lo que el ser tiene entre las piernas con un arma, y salen del agua, con el pecho bien delante, a darle un par de coces. Poco después se harán amigos y, después de la muerte de su particular Merlín, formarán el grupo de aventureros junto a un bárbaro con una barba muyo postiza, inspiración directa para el Gimli cinematográfico. Creo que también se les une más gente, pero su carisma es demasiado escaso como para que los recuerde. El brujo malo tiene una bruja mala, que se pasea por ahí custodiada por un tipo con traje de gorila y un gran felino. Con sus sutiles habilidades adivinatorias descubre cuál de las muchachas es la elegida: coge a una y le pone la cara en unas brasas. No se quema, ¡aleluya! Poco después es raptada cuando, en un momento de calma, el grupo es asaltado por un montón de hombres disfrazados de gorila que les lanzan gas de la risa. No estoy utilizando una licencia literaria.


La pobre secuestrada llega a ser seducida por otro soseras borrado de mi mente, y el polvete correspondiente lo vivimos a través de su hermana. Efectivamente, tienen una conexión especial; cuando la que no folla empieza a restregarse por el suelo sola y a gemir y toquetearse, el Gimli carnavalesco cree que le están haciendo daño a su hermana. Pero el sátiro sabe mucho del tema y ve que no, que no es dolor, que es gustito, y trata de unirse a la fiesta. No lo consigue, pero el espectador sí ante una escena tan idiota como erótica. A partir de ahí me quedo afectado y no consigo seguir el resto del argumento. El hombre disfrazado de gorila intenta cargarse al sátiro (que estaba danzando con unas wiccans en medio del bosque sin razón aparente) con el método patentado por la CIA del cable al cuello. Mientras, parece que la hermana cautiva va a ser sacrificada en un ritual de corte cosmológico ante una piedra que lanza destellitos. Los aventureros van a su rescate, y el malvado Traigon monta un terremoto y abre un agujero por el que caen a una guarida infestada de zombis. Pelean un poco, hasta que la moza recuerda un consejo de su Merlín: cuando esté en verdadero peligro tiene que decir "Vitahl". Lo dice. Resultado: los zombis les dejan huir tranquilamente al exterior. ¿Qué hay en el exterior? ¡Es Vitahl! ¡Ha sido invocado! ¿Y qué es Vitahl? ¡Una marioneta de un león con alas! Es difícil transcribir esta escena, una de las más alucinantes que he visto nunca: de pronto, al lado de Vitahl aparece en el cielo una cabeza gigante de mujer (tal vez la bruja mala, ahora muerta y puede que buena; aunque sean fundamentales para entender la historia, no quedan claros los conceptos del bien y del mal), la mitad del rostro quemado y que lanza rayos por la boca. Lo que provoca lo único que faltaba hasta el momento en "Sorceress": explosiones. Una batalla celestial sin igual con apenas un par de elementos. Al final las jambas se salvan, claro, no sabría decir cómo. Sólo pienso en sus pechos, cubiertos o descubiertos.


Los efectos especiales son la joya de la corona: un montón de rayos y brillos corporales pintados directamente sobre el celuloide, un entrañable procedimiento por el que tengo especial debilidad. Y como tienen que ser: verdes pero, sobre todo, azules. ¡Sirven para todo!: ataques de energía, transmisiones mágicas de conocimiento, auras de poder... Los efectos sonoros, un breve repertorio de silbidos "chiuss", no se quedan atrás, así como la banda sonora, prestada en su mayor parte por "Piraña" y "Humanoides de las profundidades", o un doblaje que pensaría hecho en un estudio casero de no ser porque en 1982 sólo los tenían los ricos y Brian Eno. Cómo me gustaría conocer los pormenores del rodaje, no pocas cosas tuvieron que pasar para que Jack Hill decidiera firmarla con seudónimo. En cuanto a lo que se ve en pantalla, no lo he contado todo, para saber más tenéis que verla, o conseguirme una posible copia de 83 minutos (la que tengo dura 73).

martes, 12 de junio de 2007

LA CASA DE LOS HORRORES

The Funhouse (1981)
Dir.: Tobe Hooper
USA



Tobe Hooper es un grande. No sólo por "La matanza de Texas", como se reconoce en el nivel uno. Pero no sólo también, como se dice en el nivel dos, por "Lifeforce" y "Poltergeist". Durante quince años, esto es hasta finales de los 80, su filmografía es impecable. La segunda parte de "La matanza" es la demencia suprema y una de las grandes películas, se mire por donde se mire, de su década; el hecho de que sujetos de la calaña de Rob Zombie estén obsesionados con ella dice mucho a su favor. "Salem's Lot", pese a ser un telefilm (o precisamente por serlo), es una obra generacional que nos educó a los niños de los 80 en el terror común al vampiro que viene por la ventana. "Invasores de Marte", "Trampa mortal", "Combustión espontánea"... todas merecen la pena, por diferentes razones. Siempre he pensado que Hooper no es un director de éxito al máximo nivel porque la cagó eligiendo proyectos y, quizá, infravaloró sus propias capacidades; también es posible que sea un cretino integral problemático, como indica que más de una vez fue sustituido (echado al puto cemento) en pleno rodaje. Pero tiene tantas cualidades innatas como otros que sí lo han conseguido, léase Raimi, Jackson o, en menor medida (de éxito, no de cualidades) Carpenter. Tobe Hooper merece un estudio serio de su obra, una elevación en su categoría y, en fin, un respeto más allá del de ser el tipo que hizo la mejor película de terror de la historia del cine. Que no fue solamente de chiripa. Dicen que en los 90 se hundió en el fango, y todo así parece indicarlo; no puedo opinar de primera mano porque no he visto nada de él en esa época, más allá de la también estupenda "Body bags". Su trabajo en "Masters of horror" lo hemos visto casi todos, y evidencia que sigue siendo un hombre de talento, lo sepa él o no.


"The funhouse" es otra de sus maravillas. Como toda su obra, se defiende y hasta se revela con más de un visionado, con mérito especial en este caso por su cercanía al infernal subgénero del slasher. ¿Quién podía imaginar, sobre el papel, que una historia en principio tan poco original y tan vista ya, como la de un monstruo deforme asesino que actúa en una feria ambulante de baja estofa, podría ser no ya interesante, sino hasta apasionante? El prólogo es, como aclaran todos los cronistas, un divertido homenaje a "Psicosis" y "Halloween"; yo añado que, de alguna manera, Hooper lo pone como afirmándose y diciendo: "es mi turno para hacer la siguiente en la línea sucesoria". El guión es previsible, pero tiene pequeños toques que le dan entereza. Principalmente que la protagonista no sea un cerebro de mosquito, sino una muchacha que podría ser nuestra vecina y que piensa que, tal vez, su padre tenía razón cuando le dijo que llevara cuidado; así, es fácil sentirse identificado con ella y pasarlo mal cuando lo pasa. Hasta poco más de 20 minutos del final no liquidan al primero de los jovencitos, ¿cómo es que no muere uno de aburrimiento hasta entonces? Gracias a la ambientación: Hooper nos da un paseo por completo por el piojoso carnaval, lleno de detalle morboso, con escenas inolvidables como el demasiado pequeño papel de William Finley como un mago cabrito, o la carpa de los animales deformes, donde una vaca sin mentón se da esquivos lametones a sí misma, y otra vaca de dos cabezas muestra un parecido de inquietantes implicaciones (apreciable cuando ya se ha visto más de una vez) con el pobre diablo psicopático.


En toda esta parte late, sin llegar a especificarse (más allá de la visita a la adivina, que es fácil pasar por alto ante el cachondeo que genera en los personajes y su falta de repercusión en la historia), un tono casi sobrenatural, motivado por la presencia de algunas almas perdidas que vagan por el lugar, y ponen en pausa la película cuando miran a la protagonista. ¿Es acaso una Carrie en potencia? Si bien la amenaza intangible también es tangible y de este mundo, como el voceras con el don de la ubicuidad y penetrante voz que invita a entrar hasta en tres atracciones diferentes en lugares diferentes. Llegado el momento, la muchachería entra en la dichosa casa de los horrores con disposición para pasar allí la noche. La atmósfera está logradísima y hasta da miedín si se ve a oscuras, en gran parte por los sonidos ambientales reconocibles por cualquiera que haya estado en una alguna vez, como el traqueteo de los vagones o los gritos que vienen de no se sabe bien donde. La dirección artística y el maquillaje es brillante, por mucho que el sitio se preste. Sin grandes virguerías con la cámara, el interior y lo que allí sucede puede llegar a recordar a "Suspiria" y sus colores; el plano final es, de hecho, muy muy parecido. Una vez queda cerrado al público y se descubren atrapados, la tensión, también sexual, se puede cortar con un cuchillo, con perdón. Allí presencian un estrangulamiento y la cosa ya se vuelve irrespirable. El bicho es un ser miserable que, de no ser por lo peligroso que es y la baba bukkake que le chorrea, daría hasta pena; ya nos había ganado el corazón con su máscara cabezona de Frankenstein. Después de unas pifias, relativamente creíbles, son descubiertos y perseguidos, en un juego de gato y ratón un poco corto pero tremendamente efectivo. Los pobres no son unos héroes de acción, sino unos matados de la vida como podemos ser tú o yo, y por eso lo que les conviene es correr y no dejarse pillar. El correteo da sus frutos cinematográficos en forma de escenas que tienen en vilo al borde del sofá o le hacen pegar un pequeño salto. El final es, como era de esperar, el enfrentamiento con el mostrenco, pero sólo tiene lugar cuando no hay otra opción; llega incluso a sugerirse que la chica prefiere suicidarse horriblemente antes que enfrentarse a él, algo subversivo para las convenciones del género. La pelea sin palabras recuerda inevitablemente al último cuarto de "La matanza de Texas", y Tobe Hooper no se molesta en ocultar que trata de repetir lo que ya le salió (no sólo aquí, sino en una estructura general parecida); y, salvando las distancias, le vuelve a funcionar, para regocijo del personal. Algo curioso de esta infravalorada joya es su atemporalidad: podría ser de cualquier época desde los 60 hasta, si no hoy, sí hace pocos años. Su elegancia y cierta sobriedad, que no mediocre academicismo, colaboran en la posibilidad de convertir en placentera cada vez que se vuelve a ver. La única indicación de que "The funhouse" es producto de su época, los primeros 80, es el hermano pequeño de la prota, un niño que les sigue para putearlos o chivarse. Su función está clara: proporciona un momento angustiosísimo como de pesadilla recurrente cuando los padres están en la feria y su hija los ve, grita rompiéndose los pulmones, pero no le oyen por culpa de un ventilador. Eso por no decir que su rescate se presta a interpretaciones sociales, como "¿ves? los pobres y borrachos no son siempre los malos, ni siquiera en una película de terror". Quien no la haya visto no deje de dedicarle al menos una noche; y que piense en Tobe Hooper.

viernes, 1 de junio de 2007

MASTERS OF HORROR: Segunda temporada (I)

(La primera temporada ya la comenté aquí y aquí)

THE DAMNED THING (Tobe Hooper)
Cualquier cosa más o menos apocalíptica, ya de arranque, tiene ganado el cielo. Más cuando hay una sana intención de meczclotarlo con proto-horrores de Dunwich vía Ambrose Bierce. Tobe Hooper, ya lo he dicho aquí, es un director de cine nato porque le sale todo sin quererlo. No me lo imagino pensando "encuádrame bien aquí", "esos focos más arriba", sino fumándose un puro en su silla de director con una botella de cerveza y dando indicaciones haciendo muchos gestos y hablando como en una reunión de amigos. Y que sea lo que tenga que ser. Hay una investigación creo, y si no es así da igual, lo vi hace tiempo y es lo de menos. Lo de más es que hay un disparo en tripa que da gusto verlo, Ted Raimi de cura pero no gamberrete, y hay una sensación general de desagradable humedad que le da el toque justo. El justo.

FAMILY (John Landis)
Hablando de gordos, el mejor es George Wendt. Porque tiene, como John Goodman, pinta de ser un cuñado borrachín entretenedor nato, pero sin el punto de maltratador en potencia que sí que tiene el otro. Y ver a un obeso bonachón psicópata es algo que desde luego apetece siempre. John Landis es un tipo muy listo, que lo único que quiere es pasarlo bien, y de paso que la gente lo pase bien. Recomendaciones para el creador: mueve la cámara de forma elegante, usa música simpática de los padres de nuestros padres, que haya buen rollo a lo desfile de Ferris Bueller. Mucho sol dominguero. Cuando haya alegría y sonrisa, entonces metes el odorama de cuerpos putrefactos en plan y plano chocante. Otra recomendación no seguida es que sean pútridos más de maquillaje que de infografía, pero no se puede tener todo. El caso es que las zonas residenciales dan mucho juego para el terror sencillito y de pasar la tarde, y Landis lo aprovecha con todo su humor negrísimo, con su carga de crítica social tan implícita en el escenario que no hace falta ni pensarla. Por si acaso, el final la pone sobre el tapete. El viejo truco de poner una escena que mira cómo impacta que luego resulta que está en la mente del personaje a Landis le sale muy bien; hizo de ello el único interés de la entrañable directa-a-vídeo "Susan's Plan". Aquí añade diversión y le da dinamismo al asunto. Para que se me entienda: que muy recomendable.


THE V WORD (Ernest R. Dickerson)
La sorpresa de la temporada. Porque dime tú quién se iba a imaginar que una historia de vampiros, escrita por Mick Garris y dirigida por un tipo que no se sabe, quién se iba a imaginar que no iba a ser un burdo coñazo, además de ramillete de tópicos. Pues no lo es, porque en la primera mitad el tal Dickerson demuestra un dominio total del crear ambiente, paseándose por un tenebroso tanatorio en el que tienes la sensación de que te van a gritar "Inocente, inocente" pero no te consigues quitar el nudo de la garganta. Y que no pasa nada en media hora, pero tiene un algo de oscuridad que entra con vaselina que la hace funcionar la mar de bien, casi como un Argento de barrio acomodado. Luego salen del sitio y, sin cristaleras de colores, pues se abandona inevitablemente la atmósfera. Aun así, el resto es muy digno, con Michael Ironside y un regustico ochentero.

SOUNDS LIKE (Brad Anderson)
El Anderson éste es un listo de cuidado, o más bien se lo cree. Lo digo desde la semiignorancia: "Session 9" era un rebufo soseras de la bruja de Blair, "El maquinista" no la he visto pero me atrevo a sospechar que basa toda su fuerza en el esfuerzo físico de Christian Bale. Brad Anderson hace cine de terror un poco pretencioso, como intentando huir un poco de lo evidente. "Miradme, estoy por encima de esta chusma con la que me emparentan". Hasta intenta dotar de humanidad a lo que ha rodado. Pero no tiene ni talento ni la suficiente inteligencia y se queda en tierra de nadie. Ni asusta, ni sorprende, ni entretiene ni na de na. Es un ensayo de "quiero hacer algo diferente" con la misma fuerza de un anuncio de sonotones.

miércoles, 30 de mayo de 2007

THE FOUNTAIN

The Fountain (2006)
Dir.: Darren Aronofsky
USA


Que sí, que la peli es un rollo y el Aronofsky un pretendido iluminado. Que huele a new age rancia (¿hay de otro tipo?), que los efectos especiales artesanales no infográficos parecen una apología de lo digital como creador de mundos, que la narración de las tres partes historias está descompensada y parecen combinarse al tuntún, que "conquistador" da mucha risa cuando alguien lo dice muy serio en inglés, y es sólo un ejemplo cercano de la feísima sonoridad de los diálogos, que ya vale de dar por el culo con la musiquita por muy bonita que sea, que la poesía no era esto, que el misticismo tampoco. Pero hay otro problema más gordo: que Aronofsky cree ciegamente en lo que hace, es sincero y apasionado, cualidades ya difíciles de encontrar en el mundo del cine en general, pero absoluta rareza en el cine yanqui. Por eso, y no saliéndole bien, se le perdonan todos sus desvaríos en pos de un bien mayor, "la obra". Su teoría de rodar en composiciones cruciformes es tan agotadora en la práctica como sus concepciones matemáticas en "Pi" o el montaje equivalente al "Heroin" de la Velvet Underground en "Requiem for a dream", sólo que allí el invento funcionaba acumulativamente, y aquí deja de tener efectos positivos a los 10 minutos. Se le ve el plumero de que quiere contar "la mayor historia de amor jamás contada", y lo que jode es que, en la parte final, que es como poner en imágenes ideadas por un maestro zen de barrio los delirios universales de Hope Hodgson en "La casa en el confín de la Tierra", en esa parte final, casi consigue conmover el corazón y convencer de que sí, que esta es una historia de amor como la copa de un pino, o un roble o lo que sea que vive en la burbuja cósmica. Casi lo consigue. Este hombre se merece muchas más oportunidades, porque además ha tenido la delicadeza de robarnos sólo 90 minutos de vida con sus cosicas sin miedo al ridículo.