August Underground (2001)
Dir.: Fred Vogel
USA
Yo, como muchos otros "aficionados" (y espero que la mayoría de los que lean o hayan leído este blog), vivo en una búsqueda constante, con buenos resultados constantes, del más difícil todavía. De algo más extraño que lo anterior, más original, más único. Pero a veces también más extremo, en el sentido de violencia física o psicológica. Siempre dentro de la ficción, claro. El sano ejercicio de la subversión de la corrección, en todos sus sentidos. En ese camino me topé con August Underground, vendida, como muchas otras, como la película más extrema de la historia. Algo que corroboran un montón de opiniones, en blogs y webs de aquí y de allá, de gente curtida. Y, desde luego, es genuinamente insufrible. Pero no por los motivos esperados.
August Underground es un invento que consiste en pillar una cámara de vídeo estropeada, o hacer que lo parezca, convencer a cuatro amigos para que griten y se pongan sangre por encima, y pagar a tres prostitutas para que enseñen cacha. Por delante, la premisa de filmar una cinta insoportable, sin límites, sin concesiones al argumento ni a ninguna convención. Aquello tan de los 90 de grabar una snuff movie de mentira que parezca real. Los primeros momentos de la peli son prometedores. Una imagen algo desenfocada, como grabada por un perturbado (el personaje, no el actor) que no tiene dinero para pagar el arreglo de su aparatito de rodar pero quiere filmar sus atrocidades a toda costa. Una risa garrula acompaña al amigo con la cámara, y nos lleva a nosotros con él, hacia un sótano, en el que hay una chica desnuda que intenta gritar, empapada en sangre y otros fluidos no necesariamente reconocibles, con un pezón arrancado, revistas porno tiradas por todas partes, su caca en una palangana y un cadáver descuartizado en una bañera. O algo así; tampoco vemos bien. Plano aguantado y sin editar, totalmente realista. La cosa promete, y un rayo de incomodidad me recorre ya el cuerpo. ¿Me estoy aburguesando?
A medida que la película va, por decir algo, avanzando, a poco que uno se fije se percata de algo: no hay violencia en la pantalla. La sensación es de suciedad y de podredumbre física y moral, pero no hay nada. En realidad, sólo vemos, y poco, gente gritando empapada en sangre, misoginia pretendidamente escandalizadora (posiblemente real: lo poco gráfico que hay corresponde a mujeres; los hombres, interpretados por los creadores del engendro, se mantienen bastante vestiditos con pudor), alguna pelea, alguna imagen cotidiana con presunto poder de desagrado o incomodidad sacada de su contexto, y una acción que se corta en o se aparta de lo más interesante. La tradición manda que hay que practicar la elipsis con estas cosas, aquello de "mejor sugerir que mostrar". Una película cuyo probable único mérito puede consistir en enseñar, se muestra recatada y contenida, incumpliendo la norma ahora invertida. Probablemente por falta de presupuesto para crear efectos especiales decentes, pero el realismo pretendido se diluye rápidamente y, al darse uno cuenta de esto, el impacto de August Underground se reduce a un total de cero. Y se muestra entonces en toda su desnudez: no es más que el producto de un par de jovenzuelos aburridos de pueblo americano. Unos niñatos que quieren escandalizar a sus amigos, dándole un par de hostias a una cámara y poniéndose a grabar, sin más, las cuatro tonterías que se le ocurren a sus pequeños cerebros. No hay perversión, sólo una degradación del género del psychokiller, de la imaginería contemporánea de lo desagradable, convertida en nada por gente que no hace nada con ella pensando que lo hace todo. En todo caso, cabe reconocer, una vez más (a riesgo de que este blog ahonde en su apariencia de apología constante de "el medio es el mensaje"), el único valor de este infraproducto: grabar con una cámara rota, dando el pego de una atmósfera vil hasta que uno se da cuenta de que no hay nada. Hurra, es la película, no soy yo, no estoy tan aburguesado, todavía no me estoy haciendo viejo...Es interesante hacer notar el origen norteamericano de August Underground. Bajo toda su apariencia de provocación, no es más que una extensión de valores puritanos y machistas, con una incapacidad nata de subvertir lo correcto. Esto no es cine extremo japonés. A menudo se compara esta saga (porque hay dos más; buena suerte a quien se decida con ellas) con Guinea Pig, de la que en realidad está tan lejos como El péndulo de Foucault de El código Da Vinci. En la saga americana el ataque moral y explícito es provinciano y cutre. En cambio, la estetización de la violencia tiene en la saga japonesa, al menos en parte de sus capítulos y sucedáneos, un genuino sustrato artístico que se ve plasmado en la pantalla: Flower of flesh and blood y Mermaid in the manhole son obras de Hideshi Hino, no de un cualquiera. Fred Vogel es un tipejo con un curriculum que tiene como dato destacado el haber sido despedido de la escuela de FX de Tom Savini, porque éste lo consideró, sorprendentemente, demasiado enfermo. August Underground jugaría, en todo caso, en la misma liga que Niku daruma. Esta última sí es una auténtica salvajada, probablemente la mayor que he visto en mi vida, tanto por el espectacular apartado gore, como por las escenas sexuales explícitas (que ni soporto ni comprendo, y me mantengo en la duda permanente de si este tipo de cosas son necesarias o son ofensivamente gratuitas y decadentes), que no puedo comentar porque las pasé en su día con el fast forward y la mirada en el suelo. [En ficción me lo trago todo, pero en cuanto se juega realmente con el físico me convierto, con orgullo, en un espectador pusilánime.] Aquí sí hay verdadera depravación y disfunción, no es ya el paletismo de August Underground. Está en el desdén hacia el "¿qué dirán? ¿qué pensarán?", tan diferente de las ínfulas de superioridad moral de la presunta inmoralidad no ya de ésta, sino de gran parte del cine occidental de género (extremo). Concluyendo: ¿qué transgrede exactamente August Underground? Una mierda. Eso es lo que transgrede.
viernes, 30 de enero de 2009
AUGUST UNDERGROUND y la búsqueda del extremo
martes, 9 de diciembre de 2008
GHOSTWATCH
Ghostwatch (1992)
Dir.: Lesley Manning
UK
"Ghostwatch", en 1992, ya adelantaba una de las características definitorias del cine actual: el formato es lo que importa. Algunas de las pelis recientes más interesantes se basan en gran parte en esto: "Redacted", "Cloverfield", "[REC]"... Antes de nada, tengo que explicar lo que fue "Ghostwatch". Era un especial de Halloween que hizo la BBC, y que muchos espectadores tomaron por totalmente real. Es un programa en el que una reportera (auténtica) se va a pasar la noche a una casa encantada, observada y comentada por un presentador (auténtico) y una parapsicóloga. Pero no es tan simple: la puesta en escena es una maquinaria perfectamente engrasada de formatos y fuentes, dinamismo televisivo puro. Además de la Inés Ballester que se mete a buscar al poltergeist con la familia presente, hay otro reportero (auténtico) danzando por los alrededores; hay una línea telefónica (auténtica; aunque recibía avisando de su falsedad) puesta a disposición de los espectadores para que llamen y vayan contando sus experiencias con espíritus; hay una conexión en directo con un científico al otro lado del charco, pantallas y cámaras por todas partes, otro experto en ectoplasmas controlando desde una furgoneta, fotos, archivos sonoros, vídeos grabados por la parapsicóloga en sus investigaciones en la casa, etc. Pues eso, un cóctel de la hostia y muy bien colocado, que da la sensación de que los guionistas se sentaron a hacer un brainstorming a ver cuántos formatos podían meter. Lo mejor es que es creíble, porque podrían ser los recursos que hubiera tenido el programa en directo por si las cosas en la casa andaban aburridas. Prueba del orgullo y total conciencia de los creadores es la presentación del equipo que va a entrar a la casa, cuando el cámara nos explica las particularidades de su bichito para grabar.
Evidentemente es una ficción. Y se nota sobre todo en dos aspectos: el montaje, que aunque es bastante verosímil en un espectáculo televisivo, a veces se adelanta muy ligeramente a los sucesos (el realizador ya ha cambiado a la cámara frente a la que va a pasar algo en ese momento); y, especialmente, por la trama. El argumento es una sucesión de tópicos de película de casa encantada, que además se nos va revelando gradualmente como lo haría en una ficción. Aun así, hubo gente muy crédula, parece que mucha gente, que se lo tragó todo, à la "Guerra de los mundos" de Welles. Incluso hubo un retrasado que, al comprobar que los fantasmas existían, quería ser uno para estar siempre con su familia y se suicidó; además de las crisis nerviosas y acojones supremos de un buen puñado de niños. Un buen trauma para una generación que, ya crecida, no ha podido olvidar aquella noche. El estudio, la variedad de fuentes, la (presunta) imprevisibilidad, los puntos muertos y decepciones (el presentador se va mostrando más frustrado conforme avanza el programa y no sacan nada en claro), la familiaridad de un tipo de hogar común para los ingleses, las llamadas que hacían referencia a que el fantasma se había desmadrado y ahora andaba suelto por todo el país... muy bien montado el aparato. Por supuesto, hay que ponerse en el contexto: no es lo mismo verlo ahora, bajado de internet y sabiendo bien lo que es, que encontrárselo en la tele en plena noche de difuntos.
Se habla de "Ghostwatch" como una influencia importante para parte del cine de terror actual. Se menciona sobre todo "The Blair Witch Project", por aquello del formato y el pavor, aunque en realidad no tienen demasiado en común. La bruja es un documento encontrado, privado, mientras que "Ghostwatch" es una emisión en directo, compartida en ese momento, y sólo en ese momento, por millones de personas. Sí que es más afín a "[REC]", cuyos responsables probablemente la conocen (y la llevan mucho más lejos; no es que "Ghostwatch" sea entretenimiento familiar -¿o sí?-, pero bastaría un No Recomendada Para Menores de 7), aunque es una mezcla de emplazamiento televisivo en directo y documento encontrado, por aquello de haber sido estrenada en cines. Por su parte, "Ghostwatch" tampoco sale de la nada. Es cierto que el formato televisivo real era un recurso más o menos nuevo, pero en el fondo es un paso más en la larga (y brillante) tradición de telefilms terroríficos británicos. Por otro lado, el argumento, más que a "Poltergeist", recuerda a "El Ente", con la madre sola con sus hijos siendo acosada por un espíritu más malo que la quina. Me parece muy probable que el final de aquella, con la casa recreada en un entorno controlado por cámaras, sirviera de inspiración a ésta. Que por cierto, y para terminar: sí, da algo de miedo. Y uno entiende cómo pudo ponérselos de corbata a todo un país, creyeran estar ante algo real y que estaba sucediendo en ese momento, o no.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
MILAGRO EN MILÁN
Miracolo A Milano (1951)
Dir.: Vittorio De Sica
Italia
(spoilers)
Una abuelita se topa con un bebé en su pequeña huerta, y lo educa muy bien y le enseña la tabla de multiplicar. Como no podía ser de otra manera, la yaya se muere, y el niño va a un orfanato; sale tiempo después, hecho todavía un enano. Es un buenazo de los de mentira, que le roban y se hace amigo del caco. Se va con él a su poblado chabolista, y lo maquea, y todos los pobres (hasta una familia burguesa suponemos que recién arruinada) quieren ir allí. Luego encuentran petróleo y los quieren echar de su apañado chabolerío, pero el enano tiene una paloma que hace milagros y los pobres acaban felices.
Bajo un tono de comedia fantástica, de cuento que empieza con el "Érase una vez...", es una película muy triste y pesimista. Los pobres viven en unas condiciones tales que hasta se pelean para coger un poco de calor de un rayo de sol, ¡qué poético y qué deprimente! A menudo se interpreta como una tierna y vitalista fábula, pero en realidad es todo lo contrario. Porque cada cosa, cada cosa que les sale bien a los pobres, o que les saca de los problemas, es altamente improbable si no directamente imposible en el mundo real; es decir, que nunca va a pasar, que nunca se van a arreglar ni van a conseguir escapar de su miseria. Y precisamente esto queda más claro enseñando lo contrario, el absurdo de que lo consiguen, porque obliga a que el espectador se dé cuenta de que es algo que no va a suceder, implicándolo mucho más en el tema. De Sica no muestra directamente la espiral de miseria de un personaje, sino que lo hace de un grupo social y a la inversa, contando con falacias evidentes e irreales lo contrario: que todo sale bien. Con una profundidad de campo espectacular, las escenas, sobre todo al principio, aparecen rodeadas de una neblina de ensueño, indicando precisamente que lo que vemos es un mundo de fantasía, inventado a partir de un mundo de pobreza doloroso y real. Los pobres tienen furia y maldad como los ricos, pero Totó, el personaje imposible, el Amélie social, la contiene y consigue que se comporten como personas.
Como buen comunista, y más en este contexto argumental, De Sica lo llena todo de su ideología. Para empezar, el personaje que arregla la vida de todos es el único que tiene educación: ¡sabe de números!, un conocimiento práctico. A la mínima oportunidad se arremanga y arrima el hombro y se pone a trabajar, por el bien de los demás. Y con ese objetivo el muchacho construye el poblado: para la comunidad, sin pedir nada a cambio, poniéndose manos a la obra en cuanto puede y sin que nadie se lo pida. Totó es un hombre ideal comunista. Los capitalistas, en este cuento, son malos de cuento. La policía que quiere imponer la propiedad privada en su nombre es ridiculizada. El problema llega cuando le cae la paloma del cielo (del cielo cristiano), porque desperdician su capacidad milagrera en individualidades, que derivan en caprichos capitalistas bastante comprensibles en ese ambiente marginal que, en el fondo, quisiera estar integrado en la sociedad. Sólo cuando le hacen peticiones en común consiguen resultados positivos para todos: los paraguas que contienen el agua que les tiran o, en el terrible final, cuando se van todos volando en escobas hacia el paraíso, porque en la Tierra (capitalista), simplemente, no hay sitio para ellos.
Cargándose el neorrealismo (¡mierda, no quería decir la palabra...!), es la película más eficaz de ese movimiento. Es una película de Chaplin con apariencia sentimental e ingenua, y con una poética tan imaginativa y triste como la suya. Es como una película de Capra, pero con la intención contraria: mostrar que no hay nada que hacer porque la gente, sencillamente, no es así, y porque los milagros no existen.
viernes, 15 de febrero de 2008
Esta noche pinchamos en el Sonora

Con la excusa de la presentación del nº5 del fanzine Fetiche, en el que orgullosamente colaboramos, se celebra una fiesta esta noche en el Sonora. Allí estaremos Ética y Moral en calidad de SoundSystem, poniendo música para abucheo del respetable. De Black Flag a Beyoncé, pasando por Gang Of Four, Ladytron, Styx, DAT Politics, Beat Happening, Bad Brains, The Specials, M.I.A., Jonathan Richman... Quien ande por Alicante que se deje caer a mover el esqueleto, decirme lo aberrante que es mi blog, lo bien que se conserva Nacho para su edad, salir de extra en el próximo episodio de la fotonovela del Tocadiscos Asesino que se realizará en el lugar, etc. Venga, venid, que tenemos muy bien ensayadas las poses de "luego te la pongo" o "no, es que ese disco me lo he dejado en casa".
Para quien no sepa por dónde queda el Sonora: no tiene pérdida. ¿Sabes la calle San Vicente, la que va hacia la plaza de toros? Un poco antes de la guardia civil y un poco después del 24 horas proveedor de espirituosos para los botellones en el Benacantil. Al lado una callecita con escaleras, llamada Empecinado. Pues ahí. Se ve el cartelito con un logo bien cuco.
martes, 12 de febrero de 2008
DELIRIUM
Delirio Caldo (1972)
Dir.: Renato Polselli
Italia
Prueba para el descreído de que una historia coherente y una narrativa correcta no van necesariamente unidas con la capacidad erectora de una peli. "Delirium", un delirio psicosexual rebosante de fantasías sadomasoquistas, sangre de mentira en unos escenarios de mentira que terminan por parecer muy reales de tanto exprimirlos, alucinaciones en pequeños infiernos del sótano de Dante. Un barullo tremendo en el que no se entiende un carallo, pero tampoco importa. ¿Cómo va a importar, con esos rojos que provocan una nostalgia del sudor muy agradecida en invierno? ¿Con todas esas muchachas enseñando perniles, que le transmiten a uno el fetichismo por las piernas que tiene el personaje, o el director? La primera escena, en la que las patas de una moza están siempre separadas en el plano del resto del cuerpo, como si fueran independientes en el espacio y no fueran con la chica, porque así lo percibe el (¿un?) asesino (del que se nos muestra la identidad desde el primer momento), es para enseñarla en las escuelas de cine al lado de algún hallazgo de Hitchcock. Entran los calores viendo "Delirium", por la cantidad de focos que apuntan directamente a los que se pasean por la oscuridad, y sólo a ellos. Con lo que molestan esas luces si le dan a uno y lo bien que quedan si le dan a otro. Si es que para morirse, esto; durante los créditos finales salen imágenes congeladas de la peli, y uno duda de si son cuadros hiperrealistas inspirados por los fotogramas. Así de bien está para la vista.
Viene incluida la tradicional escena fuerte con una bañera llena de agua como protagonista o en cercanías, esa que cada director digno de ser considerado como tal ha interpretado a su manera en algún momento ("Buio Omega" o "Nekromantik 2" entre las más inolvidables). El lío va más allá de la propia peli, porque hay varios montajes parece que bastante distintos entre sí, con varios niveles de explicitud sexual; el que he visto creo que es el italiano, de 102 minutos, parece que el más recomendable. El americano, de 85 minutos, incluye un prólogo en Vietnam que explica con oportunismo el origen de la locura. "Delirium" está como la hubiera hecho Dario Argento con 40 de fiebre, y le hubiera ido pegando la gripe al resto del equipo a lo largo del rodaje. Y es que el goce por la saturación, sea del tipo que sea, no es competencia exclusiva de "Suspiria". En horas bajas, te puede reconciliar para toda la vida con la italianada, definiendo de paso el término "sleazy".
lunes, 11 de febrero de 2008
Lo que más me ha sorprendido de "30 Días De Oscuridad"
Lo que más me ha sorprendido de "30 Días De Oscuridad" es lo condenadamente bien que se ven sus 113 minutos en un archivo de apenas 700 MB.
domingo, 10 de febrero de 2008
FINGERS
Fingers (1978)
Dir.: James Toback
USA
"Fingers" es un clásico perdido de finales de los 70, con poco que envidiar a, por ejemplo, "Taxi Driver". Harvey Keitel, en uno (otro) de los papeles de su vida, es un hombre sorprendente, con una especie de trastorno obsesivo-compulsivo. Pero esto no es "Una mente maravillosa", no es un retrato de un enfermo mental, sino un retrato de un personaje que, además, tiene una enfermedad mental. "Fingers" son contradicciones. Y cosas inesperadas, que chocan con los modelos que hemos asumido después de años de cine. Nadie es un estereotipo, sino que la mayoría tiene una personalidad diferente de la que les atribuiríamos por la cantidad de pelis que hemos visto. Jimmy, el personaje de Keitel, es, como su madre, un pianista. Toca para él, no sabría vivir sin eso. En público, en una audición, todo falla. No se gana la vida con la música. Trabaja para su padre, en un primer vistazo un perdedorzuelo jubilado, podría ser amigo del padre de "Seinfeld", pero que en realidad tiene chanchullos y negocios sucios. Jimmy se ocupa de algunos cobros, con amenazas y esas cosas. ¿Quién lo iba a pensar, después de ver cómo vive el piano, de comprobar que está hecho para eso? Es sexualmente agresivo y eyaculador precoz. ¿Cómo se lo iba uno a imaginar, de un tipo tan sensible? Putea para ayudar a su padre y tiene algo de buen samaritano. A veces es violento, casi siempre razonable. Si en casa llega al éxtasis con la música clásica, por la calle se pasea con una radio con música aparentemente ligera, que le llena igual. Todo esto con naturalidad, nada de sensacionalismos ni de afán de epatar porque sí. "Fingers" es una de esas pelis sin historia, que simplemente describen un personaje. Y es difícil imaginar uno más interesante que Jimmy. Y, encima, cualquiera de los secundarios podría tener su propia peli igual de compleja.
Planos tranquilos, pero con huevos. Unas tonalidades marrones agradables. Da gusto verla. La cámara escupe sutileza, apenas varía; el estilo es uniforme pero, lejos de ser monótono, está lleno de matices. Parece enseñar siempre lo que hay que enseñar en cada momento, sin más ni menos. Sólo se mueve cuando debe, y entonces lo hace con una perfección desbordante. Pequeñas angulaciones. Cosas sugerentes, sin aparente trascendencia, como una niña jugando o unos tipos mirando desde la barra de un bar, no intervienen en la acción, se mantienen en segundo plano, pero no podemos dejar de mirarlas porque Jimmy tampoco puede. Sólo se nos enseña el presente. El pasado no parece existir, sólo una breve escena con su madre, algo incestuosa; y un encuentro con un antiguo profesor de piano. Hay lo que hay, sin más, sin tapujos y sin ensañamiento; aunque se suavizaron algunos diálogos en la postproducción (doblándolos encima) por temor a la MPAA. ¿Qué habría sido de él si su padre no le hubiera llevado por el mal camino? ¿Le habría ido mejor? ¿O lo suyo es bastante normal, una crisis de la mediana edad, que no hace falta ser un loco o un gangster para estar como él? No hay respuestas, como en la vida real; y, como muchas veces en la vida real, las preguntas también son difíciles de aclarar. James Toback, el director, se limita a, como mucho, dar pistas, dejando caer que el sexo es la base de todo. Y, en la ficción, la violencia: un sangriento final es la prueba.
[En España se conoce -poco- como "Melodía para un asesino", o alguna gilipollez parecida]
viernes, 8 de febrero de 2008
ROSE HOBART
IMDb (es difícil describir los créditos)
Rose Hobart era una actriz de segunda en los primeros pasos del cine sonoro. Destinada al olvido al que van las mediocres, Joseph Cornell, uno de los surrealistas americanos más importantes (¡las cajas!), se quedó fascinado por su presencia en una aventurilla exótica llamada "East of Borneo". Llena de los tiempos muertos todavía ecos del mudo, Cornell tuvo una brillante idea: compró una copia y se dedicó a remontarla, eliminando casi todo plano en el que no saliera Hobart. De paso, incrustó momentos de un documental de un eclipse. Así, dejándola en unos 19 minutos, creó el que probablemente sea el primer trabajo de reciclaje de material previamente filmado, inspirado todavía por el readymade, de la historia del cine; y de todos los medios audiovisuales que vinieron. No se limitó a cortar: también lo tintó de azul y redujo la velocidad. Y, el toque que más evidencia su origen surrealista, le puso una banda sonora de música brasileña. Sí, el montaje está roto, la música (chocan palabras sueltas, tan fuera de lugar: "o papagaio"..., "batucada"...) no pega ni a patadas, es difícil ver nada parecido a una coherencia o a un sentido. Después de verla dos veces, descolocado, a la tercera logré penetrar en "Rose Hobart", y descubrí su lógica de sueño. Entendí, de forma no explicable con palabras y no comprensible para quien vea con ojos gordos a tan insustancial muchacha, el magnetismo de Rose Hobart. Cornell logró transmitir lo que le provocaba la pantalla; aunque casi inaccesible, está todo aquí. También disfrutamos del exotismo de aquellas pelis en la jungla, sin la cháchara de aire que nos las aleja tanto hoy. Vemos, como si fuera la primera vez, la vegetación selvática. El corazón da un vuelco cuando Rose Hobart se quita su abrigo, parecería que ella está siempre mirando al hombre que da órdenes tras la cámara. Me hace sentir dentro de un sueño de los que se tienen de niño cuando juega con un mono. Y me abruma la dichosa belleza de las cosas simples, ralentizándola, con una onda en el agua y un pequeño cuenco que se hunde en una copa. Repito: no es fácil, pero todo está ahí. No hay muchos motivos para fiarse de mí, pero escuchad a alguien con más credenciales que yo: es la peli favorita de John Zorn. Y es célebre el exabrupto de Dalí viendo "Rose Hobart" en el MoMA en 1936: "Mi idea para una película es exactamente esa, iba a proponer a alguien que quisiera financiarla para hacerla de verdad. Nunca lo escribí ni se lo conté a nadie, pero es como si me lo hubiera robado [del subconsciente, de los sueños; lo que supuestamente dijo varía según la fuente]".
miércoles, 6 de febrero de 2008
Equivalencia de entrada bloguera al ejercicio cinematográfico y metasocial de MONSTRUOSO
La he visto, y me he quedado igual. Al principio me ha sugerido ideas, que he intuido pero no llegado a ver, ideas que he ido olvidando conforme avanzaba. Pensaba escribir, de hacerlo, porque la he ido olvidando al poco de salir, sobre el error que suponía desaprovechar una cámara de vídeo usándola como si fuera el plano subjetivo de un personaje, y no de la propia cámara. Sobre la falta de un supuesto pretendido realismo, y de tensión. Del descarado product placement de Sephora, Nokia o Mountain Dew que evidencian que todo es una jugarreta comercial, algo eficaz como entretenimiento, del Abrams. De cómo un amor de novela barata distraía las presuntas intenciones terroríficas, de tensión, de acción. Pero en eso que me pongo a hojear blogs y descubro que los de siempre tienen formada una especie de sociedad de iluminados, que ven en "Cloverfield" valores que la convierten casi en una obra radical, definitoria de nuestra época como ninguna otra. Mi curso de pensamiento sigue: creo entender, pero no comparto, los pocos argumentos que entreveo. No puedo dejar de pensar en que esas cosas que se alaban sí, están bien, veo lo que quieres decir, pero no son nada especial que no se haya hecho un poco antes y mejor. Pienso que, por alguna razón que se me escapa, "Monstruoso" ha tenido la suerte de caer en gracia. Sigo el camino, cada vez más intrigado, de intentar desvelar el entuerto, encontrar esa luz que me deje ver lo que sospecho que tengo a oscuras, a un lado. En esto que caigo en El gabinete del Dr Zito, y leo, entre otras lúcidas reflexiones, el párrafo que por fin lo explica todo:
"Así que si hemos de representar el estallido de una plaga mundial, la venida de un Gargantúa lovecraftiano o la resurrección de todos los muertos que en el mundo han sido, la credibilidad del espectáculo será proporcional al grado en el que esa representación se aproxime a lo que esperamos y fantaseamos que suceda: versiones hipertrofiadas del imaginario que poseemos de nuestras propias vidas diarias, fotologs, youtubes, blogs, emails mediante."
El esfuerzo ha valido la pena, ¡soy uno de ellos! La inmensa "Redacted" tenía intenciones parecidas, pero más políticas y metacinematográficas, a su manera, veo ahora, más relativamente "clásicas", verticales de un autor al espectador; pero "Cloverfield" nos trata de igual a igual, es un comentario social desde el epicentro de lo comentado, se alimenta de ello y a la vez lo alimenta. Tengo que aprovechar el momento y uso los comentarios de su blog agradecido, aprovechando para poner mi parte:
"Tengo que decir que lo que dices sobre “Cloverfield” me ha abierto los ojos, es lo que intuía pero no terminaba de reconocer. Es un proceso de identificación con los personajes bastante innovador, nos metemos en su piel al principio no sólo porque viven (más o menos...) como nosotros, en el sentido de compartir el mismo tiempo, la misma conciencia colectiva; sino también porque comparten la visión moderna, entiéndase a través de las nuevas tecnologías, y además son protagonistas de las fantasías de quienes así vivimos.
En el cine me ha dejado algo frío, quizá por ir con expectativas equivocadas. Llego y casa, empiezo a leer, y resulta que casi todos estáis de acuerdo en que es una maravilla y tal y cual. No veía o no compartía los argumentos, hasta que he leído lo tuyo. Eso sí, ahora la encuentro mucho más interesante pero no tan brillante como se dice. De momento, ahora me muero de ganas por verla otra vez...
Borja dijo esto en Miércoles, Febrero 6, 2008 en 9:21 pm"
Sabe a poco. Estoy motivado. Me voy a mi blog: empezaré a contar el proceso por el que la he descubierto, me gusta cómo va quedando y decido que la entrada funciona también como otra extensión de la propia película. Creo que estoy terminando; mientras, veo un YouTube que me mandan por el msn, a trozos, al ritmo de su carga; mientras, mando un SMS gratis contando a la destinataria que acaba de llegarme un SMS suyo vacío, que el móvil me dice que no puede descargarlo. Hoy he borrado una foto del móvil, no he hecho ninguna pero acabo de recordar que anoche estuve compartiendo una en un bar, de una matrícula en la que ponía XDD. Hoy: he actualizado el blog hablando sobre una de mis canciones favoritas de tota la vida, y la he embeddeado para que la escuche quien quiera, a ver si hay suerte y convenzo a alguien. He paseado por el puerto escuchando mp3 en random, alguno insinuado por el Guitar Hero. He visto "Monstruoso" en el cine... Y era un MMS y el teléfono no me lo quiere enseñar.
escrito por
Borja
a las
22:24
Categoría: Imágenes en movimiento, Reflexiones pretenciosas
"Welcome to the Terrordome", Public Enemy
No es casualidad que Public Enemy sean el grupo de rap más apreciado por la gente que suele limitarse a las guitarras fuertes. Su estilo es agresivo, subversivo, caótico, reivindicativo, gamberro; a finales de los 80 hicieron cosas dignas de considerarse reformulaciones del punk. "Fear Of A Black Planet", en 1989, fue su mayor gargajo, hasta el punto de ser considerados "terroristas sónicos". "Welcome to the Terrordome" es el epicentro definitorio del disco: es esquizofrenia, se deja llevar sin ataduras ni convenciones, es libertad creativa, es divertida, da ganas de fiesta y de salir a quemar contenedores, le llena a uno de vitalidad y rabia. Da dolor de cabeza. Es una amalgama imposible de samples negroides (James Brown omnipresente), batidos de la forma más molesta posible. Después de un golpe introductorio de viento funk, una guitarra (de "Psychedelic Shack" de Temptations) se repite circularmente como una sierra. Una breve recopilación de voces avisa de lo que está por venir: "This is a journey into sound". Chuck D entra de improviso y deja las cosas claras: "I got so much trouble on my mind". Habla sobre esto y lo otro, con un dominio apabullante del ritmo interno de la rima. Se mezclan más y más sonidos, el pulso se acelera; empieza el terror: ¿de verdad será así durante 5 minutos? En el estribillo retuercen el "Jungle Boogie". Salta uno, salta el otro, continúa la catarata de sonidos y scratches. Rompen la estructura una y otra vez, siguen yendo y viniendo, la locura es imparable. Por si acaso, recuerda el motivo de todo: "'cause it's coming from the heart". "Never move alone", y Flavor Flav suelta una sarta de payasadas y nos deja con la palabra en la boca con un "boingggg" que acaba con el estado paranoide en el que nos han metido. Hijosdeputa. Bien cerca estuvieron de derrumbar la civilización occidental.GEF.jpg)
escrito por
Borja
a las
13:41
Categoría: La Mejor Canción De Todos Los Tiempos, Ruido heterogéneo
