viernes, 29 de julio de 2005

Nicholas Roerich




Este tío era un ruso que se fue al Himalaya a pintar montañas, a soltar rollos místicos, y a dejarse crecer un bigote canoso como el de los chinos maestros del kung-fu. Era un apasionado de la arqueología, y sintió la llamada de culturas pasadas. Un artista multidisciplinar que dirían hoy, a lo Leonardo da Vinci que dirían hace un siglo, porque era además poeta, y creo que de los chungos, porque ahora es venerado en ese aspecto por asociaciones sospechosas, en plan fans de Paulo Coelho+JJ Benitez pero a lo yanqui. Aquí hay unos textos suyos que espero no tener que leer nunca; son demasiado profundos como para que sean mancillados por el Mozilla. En un viaje por Europa de esos que hacían los rusos de los libros del siglo XIX, en plan balneario de Baden-Baden, encontró el amor en una arqueóloga gafotas y reprimida (digo yo). La tía era otra elementa que también escribía proverbios baratos, y a Nicholas no le fue difícil comerle la cabeza. Los dos siguieron por el mundo dando por saco, y mientras tanto Nicholas nos dejó una increíble colección de cuadros, llenos de colores saturados y demasiado sugerentes.



A este artista lo descubrí hace unos años, leyendo mi primer Lovecraft, "En las montañas de la locura". Allí, el bueno de Howard repetía como 6 o 7 veces que el paisaje y el ambiente que describía era como el de los cuadros de Roerich; no sólo como persona, sino también parece que como escritor era inseguro, y no confiaba en que sus sobrecargadas descripciones fueran lo suficientemente claras. El relato, por cierto, es de los más flojos de H.P. porque, aunque tiene un buen puñado de momentos y de imágenes fascinantes (salen pingüinos ciegos) y un climax que da mucho canguelo, se embarra contando cosas sobre civilizaciones monstruosas. Algunas referencias a Roerich en el libro:
Extrañas formaciones en laderas de montañas más altas. Grandes bloques cuadrados y bajos con lados completamente verticales y líneas
rectangulares de paredes verticales como los antiguos castillos asiáticos adheridos a las empinadas montañas que aparecen en los cuadros
de Roerich.

Algo de aquel paisaje me recordaba las extrañas y perturbadoras pinturas asiáticas de Nicholas Roerich (...)

Fue Danforth quien nos llamó la atención acerca de la curiosa regularidad de las montañas más altas, regularidad como de fragmentos
adheridos de cubos perfectos, a los que Lake había aludido en sus
mensajes y que efectivamente justificaban su comparación con las
imágenes, como soñadas, de ruinas de templos primitivos sobre las cimas nubosas de Asia, que tan sutil y extrañamente pintara Roerich.

Después de ver sus cuadros, no pude sino estar de acuerdo con Lovecraft en que las casi oníricas pinturas de Roerich encajaban perfectamente en la atmósfera de su libro. Sólo que seguramente la intención del artista era mostrar algo reposado que invitara a la reflexión mística por medio de la naturaleza y símbolos budistas, y por culpa de H.P. sólo veo en ellas un indicio de ignotos mundos ocultos, arcanos, etc. En la web de su museo, hay una estupenda colección para ver, aunque las imágenes sean demasiado pequeñas. También hay una biografía en castellano aquí.



1 comentario:

Borja dijo...

Cojonudo, sobre todo muy pedagógico tu comentario. He terminado recientemente "Las montañas de la locura",que no es el primer libro que leo de este autor, y has satisfecho mi curiosidad momentáneamente. Muchas gracias y felicidades por mantener tu espíritu intelectual vivo en esta sociedad en la que prima la estulticia y las ganas de no ver más allá de unos cuantos píxeles o fotogramas.
DVD | 19-06-2006 14:38:54

Espero que Lovecraft te haya enseñado, también, a valorar la Belleza. En cualquier caso no creo que hayas aprendido de él esa manera tan académica y educada de censurar a alguien a quien veo que desconoces. Además de leer sobre él en algún libro no escrito por él mismo, y de ver algunos de sus cuadros podrías enterarte de la dimensión humana de Nicholás, un hombre que alcanzó a mover conciencias en su difícil época, se desplazó por el mundo buscando el Ideal, antes que el material, estuvo propuesto para el Premio Nobel de la Paz, fundó Institutos para artistas, promovió Sociedades Culturales, publicó más de una treintena de libros, fue reconocido como artista en su "Mother Land" (Rusia), los EEUU, Europa e India, frecuentó a notables de su momento, aportó Humanismo a la política, fue Padre y mentor de dos cabezas de renombre: sus hijos Svetoslavs (pintor como él) y George (políglota e investigador histórico), por quien suspiró la ya extinguida Unión Soviética hasta su inclusión en su programa universitario, etc.
Por último, recordarte (si es que en Lovecraft no te lo has leído) que una de las mayores aportaciones de Nicholás Roerich a nuestro tiempo fue la inclusión de el Pacto que lleva su nombre, un baluarte para preservar en tiempos de guerra nuestra cultura universal. Actualmente es una Idea promovida y defendida por la UNESCO y por numerosas iniciativas de Paz y Cultura.
Leyendo estas notas creo que alguien así se merece un mejor trato, y tú una revisión de tu léxico cuando a él te refieras.
Pedro Martín | 09-07-2006 13:12:40

Distinguido sr. Borja;
Me llaman fuertemente la atención las perlas de sabiduría con que engalana usted su comentario sobre Roerich. Yo, personalmente, desconozco las facetas filosóficas y/o literarias del autor, y lo cierto es que no me interesan demasiado, pero decir que "encontró el amor en una arqueóloga gafotas y reprimida", o: "La tía era otra elementa que también escribía proverbios baratos..." me parecen valoraciones muy negativas más sobre su capacidad de opinar que sobre lo opinado.
¿Un ruso que se fué a pintar montañas, se dejó bigote y escribió poemas chungos?. ¿Eso es todo, Sr. Borja?.
Vamos, esfuércese, seguro que puede hacerlo mejor...
Antonio Blázquez | 27-09-2006 01:44:55